El ‘bullying’ es un tema tan terrorífico que, aunque no sea una película de miedo al uso, provoca más escalofríos que cualquier fantasma
El lenguaje del cine, sobre todo cuando hay talento y poderío visual, permite que una misma situación pueda verse desde la butaca con eterna placidez y una sonrisa o con creciente zozobra y un rictus de inquietud. La elección del punto de vista, la situación exacta de la cámara, el tratamiento del color y de la fotografía, el ritmo de los movimientos de los personajes, el trabajo con el sonido y la selección de la música pueden convertir un simple partido de waterpolo jugado por niños en el sobrecogedor plano de inicio de una de las sorpresas cinematográficas de los últimos meses. Charlie Polinger lo logra en La plaga, su ópera prima, con la cámara colocada en el fondo de la piscina y una mirada inaudita, observando las piernas de los chavales, su baile de la desesperación, con el dolor y el horror que van a presidir el resto de la película.. Más información. El acoso escolar a los 12 años es un tema tan terrorífico que, aunque La plaga no sea una película de miedo al uso, provoca más escalofríos que cualquier fantasma. Un campamento de verano de waterpolo como metonimia de una sociedad en pequeñito. Con el chulito vanidoso, seguro de sí mismo, sin problemas de imagen, económicos o morales, hasta que se dé cuenta (o no) de que todo es pura fachada. Con la masa de aduladores y secuaces que le ríen las gracias y las bromas (esa peste del humor cotidiano que nunca es entre iguales), sin posibilidad de revolución. Con el chico singular al que todo le da igual, incluso que le insulten o lo aparten, porque circula y seguramente circulará siempre por el camino de la osadía. Y, finalmente, con nuestro protagonista, el nene listo y retraído, simpático pero inseguro a causa de un trastorno de dislalia, carne de cañón. Y alrededor de todos ellos, el insalubre poder de la humillación.. Everett Blunck y Joel Edgerton, en ‘La plaga’.. Forjado en el teatro y en el musical sobre las tablas, pero también en el videoclip tras pasar por el American Film Institute, Polinger ha conformado en su largo de debut, tras tres cortometrajes, una fascinante fusión entre el drama social y la película de horror corporal. Por un lado, se nota la excelente mano para la dirección de intérpretes (y más, siendo críos). Aunque, por otro, son su poderosa mirada y el modo de filmar los que acaban redondeando un trabajo excelente. El tratamiento de los espacios, la arquitectura de la película: la piscina, los baños, el comedor, los cuartos de dormir y esos vestuarios, mostrados siempre con la cámara en contrapicado. Los preciosos encadenados de montaje en las transiciones. Los sorprendentes cortes a primerísimo primer plano (de frente a barbilla), desde el plano general. La selección musical. La lujosa fotografía con amplia profundidad de campo cuando el momento lo requiere, ahora tan poco utilizada, y en la que ¡por fin se ve bien lo de atrás!. De este modo, con tal aparataje de lenguaje, el fondo es aún más perturbador: la violencia soterrada, el miedo al ridículo, la masculinidad tóxica, la cuesta arriba de ciertas pubertades. El momento en que una erección a destiempo o unos granos de más en la cara pueden marcar el devenir de un chaval.. Más información. Una de las tremendas frases de la película, ambientada en 2003, podría ejercer de esencia de lo que supone el acoso escolar a una edad tan temprana. Disfrazada de juego, pero en realidad feroz reto que esconde tanto el principal subtexto de la película, la humillación, como el desalmado interior del ser humano que inventa esa dicotomía, dice así: “¿Qué preferirías? ¿Follarte a un perro sin que nadie lo sepa, o no follártelo pero que todos piensen que lo has hecho?”.. La plaga. Dirección: Charlie Polinger.. Intérpretes: Everett Blunck, Joel Edgerton, Kayo Martin, Kenny Rasmussen.. Género: drama. Australia, 2025.. Duración: 95 minutos.. Estreno: 30 de abril.
El lenguaje del cine, sobre todo cuando hay talento y poderío visual, permite que una misma situación pueda verse desde la butaca con eterna placidez y una sonrisa o con creciente zozobra y un rictus de inquietud. La elección del punto de vista, la situación exacta de la cámara, el tratamiento del color y de la fotografía, el ritmo de los movimientos de los personajes, el trabajo con el sonido y la selección de la música pueden convertir un simple partido de waterpolo jugado por niños en el sobrecogedor plano de inicio de una de las sorpresas cinematográficas de los últimos meses. Charlie Polinger lo logra en La plaga, su ópera prima, con la cámara colocada en el fondo de la piscina y una mirada inaudita, observando las piernas de los chavales, su baile de la desesperación, con el dolor y el horror que van a presidir el resto de la película.. Seguir leyendo
