Miro ese suelo y ese carro sobre el que reposan los cubos de pintura y se me ocurre que el estudio de Georg Baselitz no fue tanto un lugar de trabajo como un escenario de guerra, no sé si guerra entre la forma y la negación de la forma o una guerra existencial entre el hombre y sus fantasmas. Ahí están también los lienzos amarillos, erguidos como puertas que ¿adónde darán?, ¿a lo abstracto, a lo concreto o quizá a lo abscreto y lo contracto? Da un poco de miedo abrirlas, en fin. “Lo correcto para mí es lo insensato”, solía decir él, al que vemos en una foto obtenida en septiembre de 2025, apenas unos meses antes de fallecer, con 88 años, en abril de 2026. Se trata, pues, de la fotografía de un premuerto. El cuerpo, si se fijan, ya no le pertenece del todo, el cuerpo está en fuga, lo abandona, pero él sostiene la gorra contra el muslo con el ímpetu con el que la sostendría un garfio, como si la gorra fuera la metáfora de su cabeza. Mi cabeza, parecen decir esos dedos de hierro, se irá cuando me vaya yo. Qué lío, el de la cabeza y el cuerpo, ¿no?, cuando se divorcian, como esos violines decrépitos, pero cuyas cuerdas producen un sonido más hondo y verdadero que el de su juventud.. Seguir leyendo
Miro ese suelo y ese carro sobre el que reposan los cubos de pintura y se me ocurre que el estudio de Georg Baselitz no fue tanto un lugar de trabajo como un escenario de guerra, no sé si guerra entre la forma y la negación de la forma o una guerra existencial entre el hombre y sus fantasmas. Ahí están también los lienzos amarillos, erguidos como puertas que ¿adónde darán?, ¿a lo abstracto, a lo concreto o quizá a lo abscreto y lo contracto? Da un poco de miedo abrirlas, en fin. “Lo correcto para mí es lo insensato”, solía decir él, al que vemos en una foto obtenida en septiembre de 2025, apenas unos meses antes de fallecer, con 88 años, en abril de 2026. Se trata, pues, de la fotografía de un premuerto. El cuerpo, si se fijan, ya no le pertenece del todo, el cuerpo está en fuga, lo abandona, pero él sostiene la gorra contra el muslo con el ímpetu con el que la sostendría un garfio, como si la gorra fuera la metáfora de su cabeza. Mi cabeza, parecen decir esos dedos de hierro, se irá cuando me vaya yo. Qué lío, el de la cabeza y el cuerpo, ¿no?, cuando se divorcian, como esos violines decrépitos, pero cuyas cuerdas producen un sonido más hondo y verdadero que el de su juventud. Seguir leyendo
LA IMAGEN. Columna. Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado. El pintor alemán Georg Baselitz, en su estudio cerca de Salzburgo, en noviembre de 2025. Samuel Sánchez. Miro ese suelo y ese carro sobre el que reposan los cubos de pintura y se me ocurre que el estudio de Georg Baselitz no fue tanto un lugar de trabajo como un escenario de guerra, no sé si guerra entre la forma y la negación de la forma o una guerra existencial entre el hombre y sus fantasmas. Ahí están también los lienzos amarillos, erguidos como puertas que ¿adónde darán?, ¿a lo abstracto, a lo concreto o quizá a lo abscreto y lo contracto? Da un poco de miedo abrirlas, en fin. “Lo correcto para mí es lo insensato”, solía decir él, al que vemos en una foto obtenida en septiembre de 2025, apenas unos meses antes de fallecer, con 88 años, en abril de 2026. Se trata, pues, de la fotografía de un premuerto. El cuerpo, si se fijan, ya no le pertenece del todo, el cuerpo está en fuga, lo abandona, pero él sostiene la gorra contra el muslo con el ímpetu con el que la sostendría un garfio, como si la gorra fuera la metáfora de su cabeza. Mi cabeza, parecen decir esos dedos de hierro, se irá cuando me vaya yo. Qué lío, el de la cabeza y el cuerpo, ¿no?, cuando se divorcian, como esos violines decrépitos, pero cuyas cuerdas producen un sonido más hondo y verdadero que el de su juventud.. Pienso también en las figuras boca abajo de Baselitz, en esa decisión que tomó a finales de los setenta de invertir el mundo, quizá no tanto para provocar como para averiguar si la realidad resistía ese cambio, si al colocarla del revés se caía como una fruta madura. Tal vez el arte consista en eso: en sacudir el árbol hasta ver qué permanece. O qué se desprende sin ruido.. Sobre la firma. Escritor y periodista (1946). Su obra, traducida a 25 idiomas, ha obtenido, entre otros, el Premio Nadal, el Planeta y el Nacional de Narrativa, además del Miguel Delibes de periodismo. Destacan sus novelas El desorden de tu nombre, El mundo o Que nadie duerma. Colaborador de diversos medios escritos y del programa A vivir, de la Cadena SER.. Normas ›. Mis comentariosNormas. Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos. Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus.. Más información. Archivado En. Opinión. Georg Baselitz. Arte. Artistas. Alemania. Cultura. Pintores. Arte contemporáneo. Si está interesado en licenciar este contenido, pinche aquí
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