El historiador y constitucionalista, profesor emérito de la UNAM, destacó por enlazar la historia constitucional de México con la propiedad intelectual y la historia reciente de España
El exilio español corría por cada célula de su cuerpo, pero él se negó hasta el último día a convertirse en un ciudadano de pleno derecho. Eso implicaba jurarle lealtad al Rey, argumentaba indignado Fernando Serrano Migallón, que ha fallecido este martes a los 81 años. Hijo de uno de los últimos fiscales de la Segunda República Española y destacado jurista e historiador, su cerrazón hablaba de la fuerza de sus convicciones y del sello que había imprimido en su vida aquel episodio nefasto de la historia reciente española, a la que le dedicó gran parte de su vocación profesional y personal. Miembro destacado de varias academias y profesor emérito de la Facultad de Derecho de la UNAM, Serrano Migallón destacó, entre otras cosas, por enlazar el destierro republicano del que su familia había sido protagonista con la historia constitucional de México y la propiedad intelectual, tal como ha recordado la universidad que le dio cobijo.
“Enseñar era ‘lo que más me gusta en la vida”, dice la UNAM, que destaca cómo “encontraba en sus alumnos una fuente de entusiasmo” y cómo “describía con humor esa convivencia como una oportunidad para robarles juventud, ilusiones y ganas de vivir”. “En esas palabras aparece el maestro cercano que acompañó al estudioso del Derecho y de la historia: alguien para quien llegar al salón de clases seguía siendo motivo de orgullo y satisfacción”, remata calurosamente la gran casa de estudios, su otra gran dedicación.
Fernando Serrano Migallón nació en Ciudad de México en 1945, poco después de que su familia llegara al país a bordo de uno de los barcos que fletaron desde España tras la guerra civil que desembocó en la dictadura franquista. Esa experiencia derivó mucho tiempo después en las extensas memorias Hurgar en el corazón, publicadas este mismo año. “Somos recuerdos, emociones, afectos y olvidos. Esta amalgama nos constituye. Los recuerdos de estas experiencias no siempre son fieles a la realidad. Aun así, son verdaderos. Son ciertos para nosotros. Lo son para mí, al menos. Quiero hacer memoria de lo que recuerdo, o cuando menos de lo que es importante. No pretendo escribir historia. Quiero dejar constancia de una época, de mi época. Quiero describir mi paso por el tiempo”, expresaba él mismo en su declaración de intenciones.
Su obra incluye una amplia producción que va de lo jurídico a lo histórico, siempre con sus grandes pasiones en el punto de mira: Isidro Fabela y la diplomacia mexicana (1981), El grito de independencia: historia de una pasión (1983), México en el orden internacional de la propiedad intelectual (2000), Duras las tierras ajenas… Un asilo, tres exilios(2002), México y la República Española: una amistad peculiar (2019), entre otros muchísimos títulos. Como si fuera el poeta Pedro Garfias, siempre con España presente en el recuerdo y con México presente en la esperanza.
Igual de extensa fue su labor pública y su laureadísima trayectoria. Fue miembro de las Academias mexicanas de la Lengua, de la Historia y de la Jurisprudencia. Fue secretario del Congreso y subsecretario de Educación, director del Instituto Alfonso Reyes y Premio Nacional de Artes y Literatura en 2021 “por su contribución al campo del Derecho y su labor docente”. En febrero de este año, el Consejo de la UNAM aprobó por unanimidad nombrarlo profesor emérito. “Su manera de entender la Universidad”, rememoran ahora, “reunía la enseñanza, la creación de conocimiento y la responsabilidad de compartir los beneficios de la cultura”. “A esas tareas añadía una función que consideraba esencial: ejercer como “la conciencia crítica de la nación”. Era una convicción que vinculaba el trabajo académico con la vida pública y que daba sentido a su pertenencia universitaria», completa generosamente la institución.
Gran conocedor de la historia de los dos países que fueron su casa simbólica o real, Serrano Migallón se explayaba con humor relatando episodios de la historia reciente y lejana de México y de España, sobre los que le encantaba hacer pedagogía. A pesar de todas las cosas que hizo en su vida, al historiador le faltó tiempo para desarrollar algunas aficiones a las que le habría gustado emplearse: “Tocar un instrumento musical, bailar bien, hacer deporte”, enumeraba en una entrevista con este periódico. “Nunca pude, he sido muy torpe”, añadía entonces. Su legado dice, en cambio, que esa torpeza la compensó con creces y para muchas de las generaciones de juristas que le sucedieron.
EL PAÍS
El exilio español corría por cada célula de su cuerpo, pero él se negó hasta el último día a convertirse en un ciudadano de pleno derecho. Eso implicaba jurarle lealtad al Rey, argumentaba indignado Fernando Serrano Migallón, que ha fallecido este martes a los 81 años. Hijo de uno de los últimos fiscales de la Segunda República Española y destacado jurista e historiador, su cerrazón hablaba de la fuerza de sus convicciones y del sello que había imprimido en su vida aquel episodio nefasto de la historia reciente española, a la que le dedicó gran parte de su vocación profesional y personal. Miembro destacado de varias academias y profesor emérito de la Facultad de Derecho de la UNAM, Serrano Migallón destacó, entre otras cosas, por enlazar el destierro republicano del que su familia había sido protagonista con la historia constitucional de México y la propiedad intelectual, tal como ha recordado la universidad que le dio cobijo.. Seguir leyendo
