Su traje de terciopelo color berenjena, camisa negra y corbata lila con lunares blancos destacan entre los tonos más sobrios de las autoridades y las paredes blancas de su nueva criatura. Decir que tiene un aspecto formidable a sus 91 años es quedarse muy corto. Norman Foster, el arquitecto vivo más importante del mundo, pasea ligero por las salas del Museo de Bellas Artes de Bilbao, recién concluida su renovación a cargo del mancuniano y que este martes abre sus puertas al público. Asiste al destapamiento de una fantástica escultura de Kiefer en el jardín de la entrada y después, cuatro pisos más arriba, muestra dos de Anthony Caro en la nueva terraza. Las tres piezas han sido cedidas por Norman y Elena Foster al museo, que desde arriba ofrece una vista privilegiada a esta ciudad a cuya transformación contribuyó Foster hace más de 30 años, cuando diseñó el metro de Bilbao. Tras un paseo que se le ha hecho corto —“Éramos un grupo muy numeroso y no pudimos verlo todo”, lamenta— comparece sonriente ante los medios y autoridades y, después, aún ha reservado tiempo, antes de la multitudinaria cena en el atrio del museo, para una entrevista con EL PAÍS. La conversación con una de las personas que, durante seis décadas, más ha reflexionado e innovado en torno a las ciudades se produce mientras dos de los principales desafíos a los que estas se enfrentan se hacen palpables en la calle: las consecuencias del cambio climático, en forma de violentas tormentas que han causado inundaciones la víspera en esta misma ciudad, y el malestar de toda una generación por la imposibilidad de acceder a la vivienda, que se ha cristalizado en acampadas y protestas por todo el país.. Seguir leyendo
El genial arquitecto, autor de la renovación del Museo de Bellas Artes de Bilbao, llama a innovar en residencias asequibles y bajar el precio del suelo, y defiende que en el pasado las administraciones “tomaban iniciativas más osadas”
Su traje de terciopelo color berenjena, camisa negra y corbata lila con lunares blancos destacan entre los tonos más sobrios de las autoridades y las paredes blancas de su nueva criatura. Decir que tiene un aspecto formidable a sus 91 años es quedarse muy corto. Norman Foster, el arquitecto vivo más importante del mundo, pasea ligero por las salas del Museo de Bellas Artes de Bilbao, recién concluida su renovación a cargo del mancuniano y que este martes abre sus puertas al público. Asiste al destapamiento de una fantástica escultura de Kiefer en el jardín de la entrada y después, cuatro pisos más arriba, muestra dos de Anthony Caro en la nueva terraza. Las tres piezas han sido cedidas por Norman y Elena Foster al museo, que desde arriba ofrece una vista privilegiada a esta ciudad a cuya transformación contribuyó Foster hace más de 30 años, cuando diseñó el metro de Bilbao. Tras un paseo que se le ha hecho corto —“Éramos un grupo muy numeroso y no pudimos verlo todo”, lamenta— comparece sonriente ante los medios y autoridades y, después, aún ha reservado tiempo, antes de la multitudinaria cena en el atrio del museo, para una entrevista con EL PAÍS. La conversación con una de las personas que, durante seis décadas, más ha reflexionado e innovado en torno a las ciudades se produce mientras dos de los principales desafíos a los que estas se enfrentan se hacen palpables en la calle: las consecuencias del cambio climático, en forma de violentas tormentas que han causado inundaciones la víspera en esta misma ciudad, y el malestar de toda una generación por la imposibilidad de acceder a la vivienda, que se ha cristalizado en acampadas y protestas por todo el país.. Pregunta. Visité su estudio en Londres hace una década y me quedé sorprendido: más que un estudio de arquitectura, parecía el gigantesco gabinete de un inventor. Recuerdo que había un equipo trabajando en una gran impresora 3D para construir en la Luna con el polvo de la superficie lunar, y así no tener que llevar materiales hasta allí. ¿Cómo explicaría a alguien que no lo conoce qué es Foster + Partners hoy?. Respuesta. La arquitectura es demasiado importante como para dejarla únicamente en manos de los arquitectos. Los arquitectos son los líderes, pero la estructura del estudio consiste en que tenemos un enorme número de especialistas: aproximadamente uno por cada dos arquitectos. Ese especialista puede dedicarse a espacios de trabajo, planificación urbana, matemáticas, diseño paramétrico, ingeniería, estructuras, diseño industrial, visualización… Hay unas 150 profesiones diferentes dentro del estudio. Y todas trabajan juntas desde el principio en el diseño. Este edificio en el que estamos ahora mismo es un ejemplo. Consigue muchísimo utilizando muy poco material. Lo importante es la integración. El hecho de que no veamos todas las rejillas, salidas y conductos habituales significa que todo está funcionando conjuntamente. El resultado final logra hacer más con menos. Está basado en el pensamiento sistémico. Hay que reunir todas las disciplinas diferentes desde el principio. Hay que pensar en todos los elementos.. P. ¿Cómo ha sido volver a Bilbao, a cuya transformación estética contribuyó con el diseño uno de los elementos más icónicos de la nueva ciudad, que es el metro?. R. Siempre encuentro una resonancia muy personal en Bilbao. Hay una maravillosa ironía en el metro. Dedicamos muchísimo trabajo de investigación a estudiar cómo terminar el hormigón para que pudiera resistir los grafitis y pudieran limpiarse, a pesar de ser una superficie porosa. Y la ironía definitiva es que ha sido respetado: el único grafiti que hay es mi firma en una de las estaciones. Cuando vine aquí por primera vez, la ciudad tenía —y todavía tiene— una resonancia industrial. Eso la conecta con Manchester, que es la ciudad donde nací y que está en el corazón de la Revolución Industrial. Y esto fue, en España, en muchos sentidos, el corazón de la Revolución Industrial.. La arquitectura es demasiado importante como para dejarla únicamente en manos de los arquitectos». P. ¿Y cómo ve ahora Bilbao? ¿Se parece a la ciudad en la que, hace treinta años, imaginó que se convertiría?. R. Es un renacimiento extraordinario como ciudad. Habla de la colaboración entre el Gobierno, autoridades locales y regionales, instituciones individuales y empresas que han formado parte de esta historia. Creo que es un fenómeno muy particular y no puedo pensar en muchos ejemplos comparables. Es algo extraordinario.. P. Este es también un ejemplo de cómo la cultura y las artes pueden transformar un territorio.. R. La planificación urbana es un concepto que quizá ha pasado de moda, porque parece implicar una especie de enfoque de arriba abajo. Pero la verdadera planificación urbana necesita la participación de la comunidad. Las mejores ciudades son las que están mejor planificadas. Nada sucede por accidente.. P. La crisis de la vivienda, en muchos países europeos, es uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo. Ahora mismo podemos verlo en España, con toda la movilización social que está teniendo lugar.. R. Mi fundación ha estado extraordinariamente activa en ese ámbito. Ahora mismo estamos trabajando en Costa Rica para construir una vivienda para una familia de tres personas con un presupuesto público de 16.000 dólares, lo cual, si se hace a escala, supone todo un logro. Y también estamos trabajando en vivienda industrializada con un consorcio en Portugal. Sí, es un desafío. Estoy de acuerdo.. P. ¿Cómo puede una ciudad como Madrid, o cualquier gran ciudad española, solucionar el problema del acceso a la vivienda asequible?. R. Quizá haya que recuperar una tradición de la posguerra, cuando las ciudades encargaban a arquitectos el diseño de viviendas y las autoridades municipales promovían viviendas asequibles de alta calidad. Hemos visto un desplazamiento total desde el ámbito público al ámbito privado. Quizá una de las respuestas sea encontrar un mejor equilibrio entre los dos. Creo que en el pasado los gobiernos, tanto municipales como estatales, tomaban iniciativas más osadas.. Quizá haya que recuperar una tradición de la posguerra, cuando las ciudades encargaban a arquitectos el diseño de viviendas y las autoridades municipales promovían viviendas asequibles de alta calidad». P. ¿Qué tipo de iniciativas?. R. Por ejemplo, una gran cantidad de suelo pertenece a las ciudades y a los gobiernos. Y uno de los problemas es el coste del suelo, que es un factor fundamental en el precio de la vivienda. Si las autoridades locales no ponen ese suelo a valor de mercado, sino quizá a un valor para la comunidad, eso puede cambiar la situación.. P. Usted ha dicho que el crecimiento de las ciudades es uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo.. R. Las ciudades son el futuro. Cada vez vive más gente en ellas. Las ciudades generan emisiones, pero también generan riqueza. Y son centros de innovación. La ciudad tradicional, compacta y transitable a pie, es, según las encuestas, la más popular. Además, tiene aproximadamente la mitad de la huella de carbono de una ciudad extendida. Y la ciudad compacta y transitable es más saludable: evidentemente, es más sano caminar que estar sentado al volante de un coche.. P. Ni siquiera el teletrabajo y la tecnología, como se pensó en algún momento, han mitigado el poder de atracción de las ciudades.. R. Somos animales sociales. ¿Por qué nos reunimos en restaurantes? ¿Por qué nos reunimos en teatros? ¿Por qué nos reunimos en las ciudades? Está en nuestro ADN.. P. Su arquitectura siempre ha estado vinculada a ideales de progreso social y respeto al medio ambiente. Antes de que se generalizaran esas preocupaciones y también ahora, cuando un sector desprecia esas ideas como una exageración woke.. R. La sostenibilidad ha formado parte del ADN del estudio desde antes de que se llamara sostenibilidad, arquitectura verde o como queramos llamarlo. Coincidió, en cierto modo, con un periodo que podríamos considerar el nacimiento del movimiento ecologista. Los cosmonautas —o los astronautas, dependiendo del país del que procedieran— fueron los primeros activistas. Recuerdo que conocí a aquellos cosmonautas rusos y les llamó la atención esa capa extremadamente fina de atmósfera protectora. Observaban desde arriba los estragos de la contaminación. Y, por supuesto, los viajes espaciales solo fueron posibles gracias al pensamiento sistémico integrado. En aquella época estaba Norbert Wiener y la cibernética; también estaba Buckminster Fuller con su Operating Manual for Spaceship Earth; estaba Rachel Carson llamando la atención sobre el efecto de los pesticidas en los ecosistemas. Fue esa fusión holística del pensamiento la que constituyó la verdadera esencia de las cuestiones relacionadas con la sostenibilidad y el futuro del planeta.. Norman Foster, este domingo en el Bellas Artes de Bilbao.Javier Hernandez. P. El cambio climático ya está haciendo que los fenómenos meteorológicos extremos sean más probables y más frecuentes. Lo hemos visto en España con las inundaciones, incluso estos mismos días. Eso también supone un gran reto para la planificación urbana.. R. Sí. Tenemos que redescubrir la permeabilidad, darnos cuenta de que podemos tener una superficie dura y, aun así, permeable. No tiene por qué provocar una inundación: es el llamado efecto esponja. Así que sí, creo que está elevando el nivel de conciencia.. P. Existe ahora otro desafío en algunas ciudades, que es la convivencia con el turismo masivo.. R. Lo que estamos viendo son los aproximadamente ocho mil millones de personas que hay en el mundo, y en China, en particular, y de ellos una enorme población que está entrando en la clase media, pasando de la pobreza rural a una clase media relativamente acomodada. De repente tienes una enorme afluencia de turistas. Y quizá eso lleve a establecer fases y horarios, de la misma manera que los museos muy populares se han visto obligados a programar las visitas. Y quizá aquellas ciudades que son patrimonio histórico y destinos turísticos deseables tengan que aprender de lo que estamos viendo en relación con los edificios históricos.. P. Como uno de los mayores expertos en ciudades y planificación urbana, ¿qué les diría a las nuevas generaciones en España que ahora están protestando porque no pueden permitirse una vivienda?. R. Es muy fácil y comprensible que todos nos veamos afectados por el corto plazo. Pero, si observamos el gran arco de la historia, la realidad es que somos más privilegiados. Vivimos más tiempo. La mortalidad infantil es menor. Hay más personas que reciben educación. Los avances médicos son de tal magnitud que nuestros padres y abuelos ni siquiera habrían podido imaginarlos. Así que el cuadro grande es siempre el del ingenio humano. Recordemos aquellos primeros expertos que predijeron en los años sesenta que muchas de las sociedades que hoy damos por sentadas morirían de hambre. Esos críticos apocalípticos, que fueron una fuerza muy poderosa en aquella época, se equivocaron. Recuerdo que en todas las calles principales había clínicas de planificación familiar porque todo el mundo intentaba desesperadamente reducir la población, ya que se pensaba que literalmente no habría suficiente comida. Vivíamos en una sociedad aterrorizada ante la posibilidad de que no hubiera alimentos suficientes para todos. La proposición malthusiana llevada a la actualidad en los años sesenta. Y fue el ingenio humano el que resolvió el problema de las hambrunas. Fue la ingeniería, que ahora es tan criticada, la que salvó a miles de millones de personas del hambre. Por eso, la historia de nuestra evolución es, a pesar de las guerras horribles y de todo lo demás, la historia del progreso optimista y humanista.
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