Cuando los talibanes volvieron a tomar el poder de Afganistán en 2021, el músico Saeedullah Wafa supo que era hora de marcharse. El grupo islamista prohibió rápidamente todas las formas de música alegando que producían “corrupción moral”. Sus combatientes demolieron estudios, prendieron fuego a instrumentos y arrestaron a intérpretes para hacer una demostración pública de la interpretación austera que el grupo hace de la ley islámica. Con su medio de vida bajo ataque, Wafa, su esposa y sus siete hijos vendieron su equipo y huyeron al vecino Pakistán.. Seguir leyendo
Desde que los talibanes retomaron el control de Afganistán en agosto de 2021 se ha producido una intensa represión contra la música
Cuando los talibanes volvieron a tomar el poder de Afganistán en 2021, el músico Saeedullah Wafa supo que era hora de marcharse. El grupo islamista prohibió rápidamente todas las formas de música alegando que producían “corrupción moral”. Sus combatientes demolieron estudios, prendieron fuego a instrumentos y arrestaron a intérpretes para hacer una demostración pública de la interpretación austera que el grupo hace de la ley islámica. Con su medio de vida bajo ataque, Wafa, su esposa y sus siete hijos vendieron su equipo y huyeron al vecino Pakistán.. El país vecino solía ser un refugio relativamente seguro para ellos. Durante décadas, los ciudadanos afganos que huían de la guerra encontraban protección allí. Pero poco después de que llegara la familia de Wafa, todo cambió. Muy pronto se formó otra campaña de represión: una ofensiva agresiva de las autoridades pakistaníes para deportar a los inmigrantes indocumentados, centrada en los ciudadanos afganos, la mayor población migrante del país. “Salimos de una guerra solo para llegar a un país donde corremos el peligro de ser deportados de vuelta en cualquier momento”, lamenta Wafa, de 39 años, cantante e intérprete de armonio, un instrumento de viento con teclado. Aunque cuenta con una sentencia del Tribunal Superior de Peshawar que le protege de la deportación, teme que las autoridades logren impugnarla y vayan de nuevo tras él y su familia.. Desde finales de 2023, Pakistán ha intentado expulsar a los migrantes afganos como parte de su denominado Plan de Repatriación de Extranjeros Ilegales. Hasta la fecha, 2,6 millones de ciudadanos afganos han salido del país. Solo entre enero y julio de este año se registraron 703.500 salidas, según datos de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). El paso fronterizo de Torkham se ha congestionado tanto que ha provocado una auténtica crisis humanitaria, con familias varadas que esperan durante días sin comida ni refugio.. Islamabad ha justificado la campaña de repatriación alegando que está dirigida contra “extranjeros ilegales” a los que acusa de ayudar a grupos armados. Con el tiempo, la redada se ha ampliado hasta incluir incluso a personas refugiadas. Desde 2023, han detenido a más de 27.000 refugiados y solicitantes de asilo, de acuerdo con Acnur.. Miedo en Peshawar. La persecución comenzó mucho antes que la política de expulsión. En la provincia de Khyber Pakhtunkhwa, la policía detenía a afganos indocumentados mucho antes de que Islamabad anunciara medida alguna. En mayo de 2022, la ofensiva llegó hasta la puerta de Wafa.. Se alojaba en Tehkal, un bullicioso núcleo residencial de Peshawar, una ciudad que ha servido de refugio a artistas afganos desde que la guerra soviético-afgana obligó a muchos a abandonar sus hogares a partir de 1979. Cuando la policía registró la zona en busca de migrantes indocumentados, Wafa y otros tres músicos fueron detenidos.. Wafa estaba seguro de que sería deportado. “Aquellos días fueron muy difíciles”, recuerda. “Estábamos seguros de que, si nos enviaban de vuelta, los talibanes nos torturarían o nos matarían y nuestros hijos quedarían en una situación horrible”.. Documentos de extranjería que reconocen a los músicos afganos como refugiados en Pakistán.Jamaima Afridi. Entonces, recibieron una ayuda inesperada. Dos organizaciones culturales locales, Hunari Tolana y Mafkora, presentaron un recurso ante el Tribunal Superior de Peshawar para solicitar que se permitiera a músicos como Wafa permanecer en Pakistán. Argumentaron que el artículo 14 de la Ley de Extranjería de Pakistán —el principal mecanismo legal que impulsa las deportaciones masivas— no debería aplicarse a personas que corren un riesgo elevado de persecución si regresan a Afganistán.. El 13 de febrero de 2025, el tribunal de Peshawar falló a su favor. La sentencia ayudó a más de 100 ciudadanos afganos a quedarse en el país. El grupo incluía a músicos, cantantes, personas transgénero, activistas de la sociedad civil y mujeres afganas que estudiaban en universidades pakistaníes. Como resultado, se les concedieron documentos oficiales para protegerlos de la deportación.. Hayat Roghani, fundador de Mafkora, una organización de Peshawar que promueve las artes locales y los saberes indígenas, califica la sentencia de “precedente jurídico significativo” y cree que ayudará a proteger a los asediados músicos afganos. “Ahora al menos no nos deportarán a un país donde pueden torturarnos y matarnos, y donde nuestros hijos sufrirían”, zanja Wafa.. Una suspensión, no una solución. No obstante, la orden que detuvo las deportaciones no supone una garantía a largo plazo de que los músicos puedan permanecer en Pakistán, señala Faheem Marwat, un abogado de Peshawar especializado en casos de migrantes. “Actualmente no hay leyes para refugiados en Pakistán, y la resolución puede revocarse en cualquier momento”, señala. “Esto puede impugnarse fácilmente. Las reformas legales son importantes para lograr un cambio real en los derechos de los refugiados”.. Además, muchos de los músicos siguen siendo acosados por la policía, según cuenta el fundador de Mafkora.. Afganistán ha prohibido la música. Si vuelvo, no sé cómo ganarme la vida. Mohammad Hassan Azmari, coleccionista. La incertidumbre alcanza incluso a quienes tienen sus papeles en regla. Mohammad Hassan Azmari es el único coleccionista de casetes de música afgana que queda en Peshawar. Su archivo reúne cerca de 2.000 grabaciones y documenta décadas de historia musical del país. Posee una tarjeta de Prueba de Registro, un documento oficial emitido por Pakistán en colaboración con Acnur para los refugiados afganos que llegaron al país antes de 2015. Esta tarjeta les permite residir legalmente allí, pero no otorga la residencia permanente.. “Tememos cada vez que la policía viene a los mercados”, contó. “Nunca vienen a por mí, pero siempre tengo miedo de que me deporten”. Dejó de ir a trabajar durante un mes y vivió de sus ahorros, mientras seguía pagando el alquiler de la tienda y manteniendo a su familia.. “He empezado a pensar si ha llegado el momento de volver a Afganistán”, dijo. “No porque quiera ir allí, sino porque es muy difícil vivir con la incertidumbre”.. Regresar plantea otro problema. La obra, a cuya conservación ha dedicado toda su vida, es ilegal en el país al que volvería. “Afganistán ha prohibido la música. Si vuelvo, no sabré cómo ganarme la vida”, señala.. Sobrevivir en Pakistán. Nadeem Shah es un músico afgano de 29 años que también se ha beneficiado de la resolución conseguida por las organizaciones culturales. “Cuando vi el apoyo local, me sentí afortunado”, afirma.. Para él, la idea de abandonar Peshawar era devastadora. Los fuertes lazos culturales de la zona con Afganistán han permitido que artistas como él prosperen. “Cuando migré hace unos años tuve la sensación de que no llegaba a un lugar desconocido, y me sentí aliviado”, afirma.. Aunque agradece el apoyo que ha recibido, Shah se siente decepcionado por la falta de ayuda por parte de organizaciones internacionales como Acnur. “He visitado sus oficinas muchas veces y no han hecho nada por mí. Tuve una entrevista con ellos, pero no hubo ningún seguimiento. Puedo mostraros pruebas de todas las veces que he acudido, y que mi caso no ha sido tomado en serio”.. Hayat Roghani, fundador de la organización Mafkora, y los músicos Saeedullah Wafa y Nadeem Shah, el 3 de junio de 2026 en Tehkal, Peshawar.Jamaima Afridi. Qaiser Khan Afridi, portavoz de Acnur en Pakistán, afirma que la organización ha estado intentando encontrar la forma de que otros países acojan a los refugiados afganos, pero que pocos se han mostrado dispuestos a ofrecerles reasentamiento. “Desde 2022, Acnur ha presentado las candidaturas de más de 12.000 refugiados para su reasentamiento en 12 países. Más de 5.000 refugiados han partido hacia diversos destinos”, afirma Afridi. “Estamos haciendo todo lo posible por negociar con el Gobierno pakistaní para que no deporte a estas comunidades vulnerables. Seguimos alzando la voz y buscando una solución, incluso ante estas políticas restrictivas”.. Una dificultad adicional ha sido que el programa mundial de reasentamiento de refugiados de la ONU ha quedado casi extinto con la salida de EE UU, que era el país que más solicitantes admitía, debido a una de las primeras órdenes de Donald Trump cuando llegó a la presidencia en 2025.. Wafa coincide con Shah y explica que, desde que llegaron a Pakistán, ninguna organización internacional le ha ayudado. Lo que la sentencia les garantizó fue el derecho a quedarse. No vino acompañada de un medio de vida.. Wafa y Shah, por ejemplo, no tienen salario. Cobran por actuación. “A veces pasan días sin ninguna actuación”, cuenta. “Incluso cuando me invitan a bodas, actuaciones o eventos, solo gano el dinero suficiente para comprar comida para mi familia”.. Shah también cobra por actuación, aunque su situación es más sencilla en un aspecto: llegó solo a Pakistán y únicamente tiene que mantenerse a sí mismo. Wafa tiene que alimentar a nueve personas.. “No tenemos forma de mirar hacia el futuro”, lamenta Wafa. “Han pasado ya más de cinco años desde que llegamos a Pakistán; todos nuestros hijos siguen sin escolarizar y sobrevivimos con jornales y si conseguimos actuar en algún evento”.. Esta historia se publica en colaboración con Egab, una plataforma que trabaja con periodistas de Oriente Próximo y África.
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