Las relaciones humanas son complejas. Diversos factores, muchos de ellos relacionados con el ego, esa palabra de tres letras que todo lo enturbia, conducen a menudo a malentendidos emocionales que solo la comunicación y una adecuada gestión de las emociones pueden reparar. A diferencia de los lazos familiares, que vienen dados, la amistad surge de una elección y se construye con el tiempo a través de la reciprocidad y la confianza, la lealtad y la empatía. La amistad pura solo puede existir entre personas buenas o que buscan la virtud. Aristóteles lo formuló ya en la Ética para Nicómaco. No se equivocaba porque el amigo de corazón noble se alegra de tus logros y los celebra porque te admira, porque desea sinceramente tu bien y no convierte tus éxitos en motivo de comparación. El amigo es, en cierto modo, otro yo capaz de corregirnos por nuestro bien. La diferencia entre un amigo y quien solo aparenta ser amigo es que ante tus logros el primero te felicita, y el segundo guarda silencio. Con frecuencia, el silencio constituye la forma más elocuente de elogio entre quienes solo aparentan amistad.. Seguir leyendo
El amigo es, en cierto modo, otro yo capaz de corregirnos por nuestro bien
Las relaciones humanas son complejas. Diversos factores, muchos de ellos relacionados con el ego, esa palabra de tres letras que todo lo enturbia, conducen a menudo a malentendidos emocionales que solo la comunicación y una adecuada gestión de las emociones pueden reparar. A diferencia de los lazos familiares, que vienen dados, la amistad surge de una elección y se construye con el tiempo a través de la reciprocidad y la confianza, la lealtad y la empatía. La amistad pura solo puede existir entre personas buenas o que buscan la virtud. Aristóteles lo formuló ya en la Ética para Nicómaco. No se equivocaba porque el amigo de corazón noble se alegra de tus logros y los celebra porque te admira, porque desea sinceramente tu bien y no convierte tus éxitos en motivo de comparación. El amigo es, en cierto modo, otro yo capaz de corregirnos por nuestro bien. La diferencia entre un amigo y quien solo aparenta ser amigo es que ante tus logros el primero te felicita, y el segundo guarda silencio. Con frecuencia, el silencio constituye la forma más elocuente de elogio entre quienes solo aparentan amistad.. Si llevamos esta reflexión al terreno del arte, las relaciones entre artistas son mucho más complejas porque el ego del creador se interpone como un factor disolvente: el artista se afirma, frecuentemente, negando. Encontraremos mejores amigos en la literatura que en la vida real. Así en El primo Pons, Balzac creó a Sylvain Pons y Wilhelm Schmucke, cuya amistad constituye uno de los vínculos más puros y conmovedores de su monumental narrativa. Pons, coleccionista refinado y apartado por la sociedad, encuentra en el ingenuo y bondadoso músico alemán Wilhelm Schmucke un afecto desinteresado, basado en la lealtad, la compasión y el cuidado mutuo. Frente a un mundo dominado por la avaricia, su amistad encarna un raro ideal de fraternidad y fidelidad hasta la muerte. En Bouvard y Pécuchet, Flaubert dibuja en su última novela inacabada a dos hombres corrientes que convierten su curiosidad compartida y su deseo de comprender el mundo en un proyecto de vida común. Al mismo tiempo, esa amistad funciona como el instrumento con el que el autor de Madame Bovary satiriza la ilusión del saber enciclopédico y la inagotable capacidad humana para perseverar en el error sin dejar de apoyarse. Pese a todas sus limitaciones, su fidelidad mutua convierte su amistad en uno de los grandes retratos literarios de la camaradería.. Además, ha habido buenos amigos escritores. Los escritores Étienne de La Boétie y Michel de Montaigne constituyen el ejemplo más celebre, el último inmortalizó esa relación en el ensayo De la amistad con la famosa frase: “Porque era él; porque era yo”. Algo similar hubiesen dicho Tolkien y Lewis, que no se separaron nunca desde que se conocieron en Oxford y formaron parte del grupo de los Inklings, se reunían frecuentemente en el pub The Eagle and Child para leerse mutuamente fragmentos de El señor de los anillos y Las crónicas de Narnia y mejorarlos. Federico García Lorca pasó uno de los veranos más felices de su vida junto a Salvador Dalí en el Cadaqués de 1927, antes de que Gala irrumpiera en la vida del pintor y de que la tragedia de la Guerra Civil separara definitivamente sus destinos. Una de las amistades literarias más productivas del siglo XX fue la que establecieron los escritores argentinos Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, que comían juntos a diario y se pasaban la tarde escribiendo a la par bajo seudónimos como H. Bustos Domecq en una conversación que se prolongó durante décadas.. La correspondencia actúa como el acto notarial de la amistad. A través de las cartas que Goya le mandó a su amigo Martín Zapater descubrimos una amistad cimentada en la confianza. Con un lenguaje espontáneo y lleno de humor, el pintor comparte con su amigo tanto sus inquietudes personales como los avatares de su carrera, ofreciendo el retrato más íntimo y humano que conservamos de él. La amistad más trágica de la historia del arte es de todos conocida. Se trata de la que mantuvieron Vincent van Gogh y Paul Gauguin cuando fueron ilusionados en 1888 a Arlés para fundar una colonia de artistas. El experimento terminó en fracaso, no volvieron a hablarse, y Van Gogh acabo mutilándose una oreja.. Picasso fue, ante todo, amigo de sí mismo, y detrás del artista de ego descomunal hubo también un hombre capaz de una silenciosa generosidad con algunos de los amigos que habían marcado sus primeros años en Barcelona. Les ayudó en vida regalando sus dibujos que sabía que eran cheques al portador y lo hizo después con sus viudas y sus hijos en un ejercicio de lealtad poco conocido. Picasso se relacionó frenéticamente con Braque cuando creaban el cubismo como si fuese un avión, uno de los grandes puntos de inflexión de la pintura del siglo XX. Entre 1908 y 1914 trabajaron como un solo hombre. “Éramos como dos alpinistas encordados” diría el francés. Una metáfora perfecta para definir la amistad creativa, solo interrumpida por la guerra. La guerra o el afán de afirmación destruyen las amistades creativas.. Desde que el marchante Bruno Bischofberger, recientemente desaparecido, reunió a almorzar a Warhol con Basquiat, esta dupla moderna no se separó. Ese mismo día, Basquiat se fue a su taller y pintó un doble retrato con Warhol que le llevó aún húmedo. El icono pop de peluca blanca quedó impresionado por el talento y la rapidez de su joven amigo y trabajaron juntos en más de doscientas obras que tuvieron pésimas críticas. Basquiat se alejó de su mentor para demostrar que su identidad artística no dependía de la sombra de Warhol. Murió un año después de Warhol de sobredosis encerrado en una espiral de depresión y heroína. La fotografía de los dos con guantes de boxeo simboliza la amistad y la fusión creativa entre dos artistas desiguales en una relación paternofilial de maestro y discípulo.. La amistad no entiende de edades. La escultora Louise Bourgeois en sus últimos tiempos recibió postrada en la cama una serie de gouaches que llegaban desde Gran Bretaña en un sobre con el nombre de Tracey Emin en el remitente, artista británica a la que doblaba en edad: los miró atentamente y afirmó con la cabeza mientras sonreía. Se trataba de la única serie conjunta titulada Do Not Abandon Me (2009–2010), el último proyecto artístico de Bourgeois antes de su muerte. Una colaboración visual entre dos artistas que, desde generaciones distintas, se admiraban e hicieron de la intimidad y la vulnerabilidad una forma de resistencia.. Como una forma mutua de admiración, la amistad es frágil como un vaso de cristal. En cualquier momento se puede romper llevada por el viento de un detalle: una palabra de más, un gesto de menos, una falta de correspondencia, la comparación… Y una vez se rompe difícilmente se recompone. Quizá la mejor forma de conservar una amistad sea no exigirle nada. Cuando desaparecen las expectativas, todo cuanto llega se convierte en regalo.. Artur Ramon es anticuario y escritor.
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