Quedamos a la una de la tarde en una librería-cafetería recién abierta en su barrio, en una zona a la vez residencial y populosa de Madrid. Llega apurada, con ligero retraso, vestida con vaqueros, sudadera y deportivas, con el pelo lavado de casa y un ligerísimo maquillaje, como quien se ha arreglado lo justo para salir a la calle. Tiene muchísima prisa. Se disculpa alegando que se ha dejado un puré de verduras haciéndose y debe de ser cierto porque, después de la apresurada sesión de fotos y de la apresurada conversación, que accede a completar otro día por teléfono, sale literalmente corriendo por la acera hasta perderse de vista. Hace menos de 24 horas, anoche, esta mujer rabiosamente contemporánea y urbanita, encarnaba a la marquesa de Merteuil, una madura aristócrata devastada con el rostro convulso por el despecho y el sufrimiento en el cuadro final de Las amistades peligrosas, la obra teatral que representa estos días en Madrid. Seguir leyendo
Quedamos a la una de la tarde en una librería-cafetería recién abierta en su barrio, en una zona a la vez residencial y populosa de Madrid. Llega apurada, con ligero retraso, vestida con vaqueros, sudadera y deportivas, con el pelo lavado de casa y un ligerísimo maquillaje, como quien se ha arreglado lo justo para salir a la calle. Tiene muchísima prisa. Se disculpa alegando que se ha dejado un puré de verduras haciéndose y debe de ser cierto porque, después de la apresurada sesión de fotos y de la apresurada conversación, que accede a completar otro día por teléfono, sale literalmente corriendo por la acera hasta perderse de vista. Hace menos de 24 horas, anoche, esta mujer rabiosamente contemporánea y urbanita, encarnaba a la marquesa de Merteuil, una madura aristócrata devastada con el rostro convulso por el despecho y el sufrimiento en el cuadro final de Las amistades peligrosas, la obra teatral que representa estos días en Madrid.. ¿Cuánto tarda cada noche en reponerse de ese sofocón final?. Necesito darme un paseo sola de unos 15 minutos para desprenderme de la función. Pero también salgo muy contenta, cuando veo que llega al público. Son dos horas muy intensas, pero muy placenteras, porque para mi personaje todo empieza como un juego de seducción y acaba con su destrucción total. Son muchos años de actriz y tengo facilidad para salirme del personaje, pero, en cuanto me levanto al día siguiente, ya tengo el nudo en el estómago.. ¿Lo del puré al fuego es cierto?. Claro que es cierto. Y esta mañana he ido a llevar a mi madre al médico, y esta tarde iré a buscar a mi hijo estudiante a la estación. Hago mi vida normal hasta las seis menos cuarto de la tarde, que llego al teatro. Pero desde que abro los ojos, sé que esta noche tengo función, y mi concentración y mi energía está ahí. La función se repite cada día, pero cada día te pasan cosas diferentes y las tienes que incorporar. Cada noche puedes fracasar, y ese vértigo siempre está.. ¿Vio en su día la mítica película Las amistades peligrosas, de Stephen Frears?. Claro, y la he visto ahora. Yo, entonces, me identificaba más con madame Tourvel, la joven, a la que interpretaba Michelle Pfeiffer que con Glenn Close, que hacía de la marquesa. Yo, entonces, era una adolescente y estaba más cerca de la idea de abandonarse al amor. Ya no. La marquesa tiene un poso y un peso que yo he adquirido con la vida, me han pasado muchas cosas que puedo incorporar al personaje. Ahora soy una señora y me encanta interpretar a señoras. Las etapas de la mujer en el amor son diferentes. Yo no amo igual ahora, con 55, que cuando tenía, 20, 30, incluso 40.. ¿Y cómo se ama a los 55?. Con mucha más tranquilidad, más comprensión y, quizá, un poco más de inteligencia. Ya no tienes esa necesidad de construir tu vida alrededor de alguien, de formar una familia o de cumplir determinados planes. A esta edad, lo más importante es estar bien contigo misma. Si aparece una persona cuya compañía te hace estar aún mejor, maravilloso. Pero, si no, también estás bien. Se ama más desde la libertad y menos desde la necesidad.. La marquesa es el prototipo de mujer fatal que acaba siendo víctima de su propia maldad.. Me parece que, más que mala, es una mujer que quiere libertades y usa las armas a su alcance para conseguirlas. Ella se percibe por el público como mala, malísima, por su promiscuidad y su desinhibición, pero el personaje de Valmont, al que en esta función interpreta Roberto Enríquez, también es malo, malísimo y se le ve como a un seductor.. ¿En eso seguimos más o menos igual que en la época de la obra?. Pero, bueno: los hombres y las mujeres seguimos sin ser iguales en la práctica. Yo, por ejemplo, tengo hermanos, pero, quien más se ocupa de mi madre soy yo, y eso nos viene de generaciones. Siempre lo digo: yo soy una gran feminista porque mi madre fue una gran machista, porque ella recibió una educación machista.. Apuesto a que le tocaba recoger la mesa en casa.. Claro, y hacer los recados. Entonces, de ahí nace una gran rebeldía en mí. Yo tenía grandes ataques de ira de decir: ¿por qué ellos sí y yo no, o al revés, por qué yo sí y ellos, no? Y eso se me ha quedado tatuado. De hecho, cuando trabajaba con mis compañeros en la compañía Animalario, siempre era la que protestaba porque ellos sí o ellos no hacían tal o cual cosa. Hay un libro que hicimos sobre el grupo, hace ya 20 años en el que les llamo machistas. A las de nuestra generación no nos ha hecho falta leer a Virginia Wolf para combatir el machismo: lo teníamos en casa y en el trabajo.. ¿Qué otras cosas la rebelan?. La deshumanización, la falta de empatía. Y, si hablo de mi profesión, quienes no se toman muy en serio nuestro trabajo. Hay muchas prisas, todo se hace deprisa y corriendo. Y a veces tengo que decir: oye, no soy un robot. Yo no tengo una carrera tan sólida como para poder decir que esto no lo hago. Entonces, a veces, tengo que hacerlo todo en vísperas de no hacer nada. Y me rebelo: no soy una máquina. Tenemos una responsabilidad personal y colectiva en defender nuestro trabajo.. ¿Sigue haciendo castings después de 30 años de carrera?. Sí, y no me importa. A veces, pocas, piensan en mí directamente, o me escriben cosas. He tenido que escuchar muchos noes para conseguir algún sí.. Pilar Castro en una librería-cafetería de su barrio, en Madrid.Bernardo Pérez. En la función, interpreta escenas de sexo sin desnudos ni, casi, contacto físico. ¿Eso cómo se logra?. Insistió mucho el director. Yo soy una actriz muy física, muy expresiva y me costó mucho contenerme. El personaje tenía que moverse de una determinada manera, y me ayudó mucho mi formación en danza. Sobre ser o no ser sexi, creo que, para ser actriz, asumir tu edad es fundamental. La presión de fuera, y de dentro, es muy fuerte para no hacerlo: pasas de ser la chica a ser la abuela de repente. Pero tenemos que quitárnosla. Me escriben muchas mujeres que se sienten identificadas conmigo en ese aspecto. Yo soy feliz con lo que soy. No quiero parecer más joven. La sexualidad y la sensualidad, además del cuerpo, se trabaja con la inteligencia. Pero me interesa tu opinión: ¿qué viste en escena?. Pues a una marquesa que goza y sufre. Y ahora veo a una mujer con prisa porque se le quema el puré.. Muchas gracias. Mira, yo creo que eso que has dicho es importante. A mí me ha costado mucho trabajar con el físico porque es muy complicado. Soy rubia de ojos azules y tal y cual, y tuve que, digamos, desdibujarme en escena. Hacerme como una especie de Mister Potato para que tú, el espectador, o espectadora, me pongas donde quieras. He tenido que trabajarme mucho para no ser simplemente la rubia. Porque yo puedo hacer de tía fuerte, y de delicada, y me encanta hacerlo. Y luego, me he trabajado muchísimo la comedia. A mi padre le encantaba el teatro y yo era muy teatrera.. O sea, que la vis cómica le viene de casa.. Sí. Y el sentido del humor me ha ayudado muchísimo para salir del sufrimiento. Mi padre murió cuando yo tenía 17 años y empecé a tener muchísimos ataques de ansiedad. Nadie me había explicado nada de lo que podía pasar y yo lo que veía en mi familia era que el duelo se tenía que llevar en silencio. Entonces, te lo vas guardando todo y un día te estalla todo. Yo siempre fui la niña buena: mi propia madre me lo decía, y, de repente, me volví muy rebelde: quería romper con todo.. Y ahora es usted la buena hija que la acompaña al médico.. Ahora tengo una relación excepcional con mi madre. Excepcional. Es una mujer de 84 años. Me ha dado una vida maravillosa, que ha sido dura, sí, pero sobre todo para ella, porque vienen de una generación terriblemente machista. Ella tuvo que cuidar a sus hijos y a mi padre, que no estaba bien, hasta que murió. Y, después, nos sacó a mí y a mis hermanos adelante sola. Todo eso me ha hecho muy fuerte. Ahora toca que la cuidemos, y mi madre va a tener la mejor vida que yo le pueda dar hasta su último día.. Pilar Castro (Madrid, 55 años) siempre quiso ser artista. Trabajó como bailarina en el mítico programa de TVE Aplauso antes de estudiar interpretación en la escuela de Cristina Rota y debutar en el cine en Historias del Kronen, en 1995. Después, paralelamente a sus papeles en montajes de la compañía Animalario, y de la suya propia, Caracalva, con Secun de la Rosa, formó parte del reparto de la exitosa saga Los dos lados de la cama y otros títulos que forman parte de la memoria sentimental de su generación. Su último papel, después de protagonizar uno de los capítulos de la serie Furia, es el de la marquesa de Merteuil en Las amistades peligrosas, junto a Roberto Enríquez, dirigidos por David Serrano, en cartel estos días en Madrid antes de salir de gira por toda España.
Quedamos a la una de la tarde en una librería-cafetería recién abierta en su barrio, en una zona a la vez residencial y populosa de Madrid. Llega apurada, con ligero retraso, vestida con vaqueros, sudadera y deportivas, con el pelo lavado de casa y un ligerísimo maquillaje, como quien se ha arreglado lo justo para salir a la calle. Tiene muchísima prisa. Se disculpa alegando que se ha dejado un puré de verduras haciéndose y debe de ser cierto porque, después de la apresurada sesión de fotos y de la apresurada conversación, que accede a completar otro día por teléfono, sale literalmente corriendo por la acera hasta perderse de vista. Hace menos de 24 horas, anoche, esta mujer rabiosamente contemporánea y urbanita, encarnaba a la marquesa de Merteuil, una madura aristócrata devastada con el rostro convulso por el despecho y el sufrimiento en el cuadro final de Las amistades peligrosas, la obra teatral que representa estos días en Madrid.. Seguir leyendo
