Entre la Casa Blanca de Washington DC y la pequeña comunidad de pescadores de White House, donde nació la poeta Safiya Sinclair (Montego Bay, Jamaica, 41 años), media mucho más que la distancia que las separa. El bisabuelo de la escritora se negó a vender un terreno situado en el único tramo de playa que los hoteles no habían ocupado. Desde allí Sinclair emprendió un largo viaje —que con el tiempo la llevaría a Estados Unidos— para contar todo lo que escapa a la Jamaica de postal: el Caribe íntimo del poemario Catacombs, las heridas del colonialismo en los versos radicales de Cannibal y unas memorias, How to Say Babylon, [Cómo decir Babilonia] que rinden homenaje a las mujeres de su familia a la vez que exploran las contradicciones de la cultura rastafari.. Seguir leyendo
Safiya Sinclair, la poeta jamaicana que pone voz a la memoria del 11-S
Entre la Casa Blanca de Washington DC y la pequeña comunidad de pescadores de White House, donde nació la poeta Safiya Sinclair (Montego Bay, Jamaica, 41 años), media mucho más que la distancia que las separa. El bisabuelo de la escritora se negó a vender un terreno situado en el único tramo de playa que los hoteles no habían ocupado. Desde allí Sinclair emprendió un largo viaje —que con el tiempo la llevaría a Estados Unidos— para contar todo lo que escapa a la Jamaica de postal: el Caribe íntimo del poemario Catacombs, las heridas del colonialismo en los versos radicales de Cannibal y unas memorias, How to Say Babylon, [Cómo decir Babilonia] que rinden homenaje a las mujeres de su familia a la vez que exploran las contradicciones de la cultura rastafari.. Allí cuenta que su madre recogía los libros que los turistas tiraban a las papeleras. “Ella me enseñó los nombres de las plantas y los animales”, recuerda por videoconferencia desde su apartamento de Brooklyn. “Aquel jardín de mi infancia fue el lugar y el momento en el que empecé a florecer como poeta”. A los 17 años, después de publicar su primer poema en el suplemento literario del Jamaica Observer, partió hacia Estados Unidos para probar suerte como modelo. En Manhattan visitó las ruinas, aún humeantes, de la Zona Cero, donde el viernes se rendirá homenaje a las víctimas con un concierto de la Filarmónica de Nueva York a partir de uno de sus poemas.. Por entonces, una agencia de Miami le pidió que se cortara las rastas, pero su padre, músico de reggae y devoto rastafari, se lo prohibió tajantemente. Dos años después, a escondidas y con ayuda de su madre, se deshizo de su larga melena. “Era mi cabeza, mi pelo”. Necesitaba descubrir por sí misma quién era.. En 2006 obtuvo una beca para estudiar Literatura en el Bennington College de Vermont, donde se propuso combatir con palabras la imagen excesivamente simplista y estereotipada que sus compañeros tenían de Jamaica. “Su obra habla por sí sola”, explica por correo electrónico la novelista jamaicana Nicole Dennis-Benn. “Poeta guerrera de corazón, Safiya escribe cartas de amor para impulsar el cambio en nuestra isla”. A su paso por Charlottesville, esta vez como alumna del máster de Poesía de la Universidad de Virginia, Sinclair se topó con una estatua del general Robert E. Lee. El mundo al revés, pensó: frente a los monumentos de su infancia, dedicados a los hombres y mujeres que liberaron Jamaica, las estatuas estadounidenses honraban a esclavistas y colonizadores.. Los poemas de Cannibal, en los que convierte al Calibán de La tempestad, de Shakespeare, en una mujer caribeña que se adueña de la lengua de Próspero, le permitieron afrontar la violencia racial de su país de acogida. Para Sinclair, escribir en inglés supone habitar el idioma impuesto por la historia: una forma de exilio lingüístico, pero también de rebelión. Por eso sus textos incorporan la sensibilidad y la cultura jamaicanas, la tradición oral, el patois y el habla rastafari para alterar lo que se considera un “inglés normalizado”. El canibalismo del título devora esa gramática y la devuelve transformada.. La poeta Rita Dove, premio Pulitzer y profesora de Escritura Creativa de Sinclair en Virginia, destacó en T Magazine la “vigorosa elegancia” de sus poemas y la “fortaleza inquebrantable” con la que defendía cada palabra. En Hogar, traducido al castellano por la editorial mexicana Mantis, le bastan nueve para atrapar al lector: “Mi dicción es ahora tan recta / como mi pelo”. Tras los premios cosechados con Cannibal, su libro de memorias terminó de consagrarla. Ganó el National Book Critics Circle Award, entró en la lista de lecturas favoritas de Barack Obama y fue recomendado por Salman Rushdie. Su nombre llegó incluso al crucigrama de The New York Times: “Cinco letras para definir la cultura retratada en How to Say Babylon de Safiya Sinclair”.. La respuesta era “rasta”, aunque a la autora le hicieron falta 352 páginas para abordar los muchos matices y claroscuros de esa herencia. Su padre encontró en el movimiento una afirmación panafricana de dignidad, resistencia y emancipación negras, pero impuso dentro de casa un orden patriarcal que sometía a las mujeres. Sinclair dejó atrás las ideas represivas y arcaicas sobre la condición femenina, sin renunciar al orgullo de sus raíces: “Camino erguida, segura de quién soy”, asevera. “Eso procede de la mejor parte del rastafarismo”.. Una de las características de la música reggae es que puede escucharse como plegaria mística o canción protesta. Algo parecido sucede con el lirismo que Sinclair toma prestado del paisaje: suave como el vaivén de una ola o enfurecido como un huracán. El 11 de septiembre, su poesía sonará con la fuerza de 30 instrumentos de cuerda y 24 voces en el Perelman Performing Arts Center. Allí, Gustavo Dudamel dirigirá a la Filarmónica de Nueva York durante el estreno de We the Living, partitura para coro y orquesta de la compositora Julia Adolphe con la que la ciudad conmemorará el 25º aniversario de los atentados.. Sinclair conoció a Adolphe en 2016, mientras cursaba su doctorado en Literatura y Escritura Creativa en la Universidad del Sur de California, y desde entonces han colaborado en cinco obras corales. Antes de empezar a dar forma al libreto, le pidió a su amiga que le contara cómo había vivido el 11-S a sus 13 años. “Le hablé del silencio inquietante que envolvía las calles de Manhattan”, comenta Adolphe por escrito. Sinclair tiró de ese hilo y lo fue trenzando con testimonios de supervivientes y miembros de los equipos de emergencia. Cuando leyó el poema por primera vez, la compositora se conmovió hasta las lágrimas al reconocer en él su propia experiencia.. Bajo tierra, entre paredes cubiertas por los rostros de las víctimas, Sinclair recorrió las vitrinas con relojes, alianzas, tarjetas de metro, zapatos y otras pertenencias del National September 11 Memorial & Museum. Le impresionó saber que las familias habían donado aquellos objetos aunque, en algunos casos, eran lo único que les quedaba de sus seres queridos. Durante el concierto, el Coro de Soldados de la Banda de Campaña del Ejército estadounidense cantará ese “nosotros” que, según adelanta la poeta, no representa solo a quienes murieron aquel día. “También incluye a los supervivientes y a todos los que seguimos aquí, encargados de custodiar sus recuerdos”.. Sinclair sostiene que toda poesía es política. “Me importan la historia y el futuro de la humanidad, los derechos de las mujeres y de los niños, el acceso al agua y el medio ambiente”. Y advierte que los primeros refugiados climáticos procederán de Jamaica y de otras islas caribeñas. Aun así, encuentra razones para el optimismo en las aulas de la Universidad Estatal de Arizona, donde enseña escritura creativa. “Compartir espacio con estudiantes tan comprometidos me llena de esperanza”, asegura. “Ojalá no fuera este el mundo que les ha tocado, pero están preparados y dispuestos a luchar por él”.
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