Carlos O’Connell (Madrid, 31 años) tiene el pelo muy corto y de color rosa. Lleva aros en las orejas; fuma y se lía cigarros mientras habla. Sus dos hijos, Vega (3 años) y Lorca (10 meses), están de vacaciones en Francia con su madre, la actriz francesa Joséphine de la Baume, pero él los trae varias veces a la conversación. Es un hombre carismático y buen conversador. Cuenta que creció en Villanueva de la Cañada, a las afueras de Madrid. En Majadahonda (noroeste de Madrid) aprendió guitarra con Andrés Duende, miembro de Eldorado, al que acompañó a una actuación en Radio 3. Allí supo que quería dedicarse a la música.. Seguir leyendo
En ‘Dopamine Chamber’, el grupo irlandés indaga en el placer y el malestar de una época atravesada por la incertidumbre y el duelo
Carlos O’Connell (Madrid, 31 años) tiene el pelo muy corto y de color rosa. Lleva aros en las orejas; fuma y se lía cigarros mientras habla. Sus dos hijos, Vega (3 años) y Lorca (10 meses), están de vacaciones en Francia con su madre, la actriz francesa Joséphine de la Baume, pero él los trae varias veces a la conversación. Es un hombre carismático y buen conversador. Cuenta que creció en Villanueva de la Cañada, a las afueras de Madrid. En Majadahonda (noroeste de Madrid) aprendió guitarra con Andrés Duende, miembro de Eldorado, al que acompañó a una actuación en Radio 3. Allí supo que quería dedicarse a la música.. En el instituto se hizo amigo de su profesora de biología, Rosa Herrera. Él tendría por aquel entonces unos 17 años y ella tenía dos hijos un poco mayores que él. La relación se estrechó cuando el centro organizó un recital de poesía y Herrera se animó a cantar junto a otro profesor y le pidieron a O’Connell que les ayudara con la guitarra y con el inglés. EligieronDance Me to the End of Love, de Leonard Cohen. Ensayaron en el rato del recreo durante dos semanas. “Aquello fue un éxito”, explica Herrera a EL PAÍS por teléfono, “pero no te creas que iban a vernos a José y mí. Todas las chicas del instituto fueron porque estaban enamoradas de Carlos” (risas).. Carlos O’Connell durante un concierto de Fontaines D.C. en Eslovaquia en julio de 2025. Mario Skraban (Redferns). Sería 2012 cuando Herrera se enteró de que Leonard Cohen iba a tocar España, así que le dijo a O’Connell: “Nos he comprado entradas”, explica él mismo a través de videollamada. La profesora llevó a su alumno a ver a Cohen al Palacio de los Deportes (hoy Movistar Arena) y ahora su alumno Carlos, Carlos O’Connell, es el guitarrista y uno de los compositores de la famosa banda irlandesa Fontaines D.C. y el próximo jueves 22 de octubre dará un concierto, ante miles de personas, en ese mismo escenario en el que vio a Leonard Cohen junto a su profesora, Rosa.. ―¿Ha hablado con ella?. ―Llevo 18 años sin verla, pero encontré su número y le escribí.. ―¿Y la invitó al concierto?. ―Sí, sí. Claro, Rosa va a venir.. “Sí, sí, ¡claro que voy a ir!”, confirma ella días después por teléfono. “Me hizo una ilusión enorme, ¡enorme!”.. Carlos O’Connell es hijo de padre español y madre irlandesa. A los 18 años dejó España para irse a vivir a Dublín pensando que en su país no tendría futuro en la música. En Irlanda empezó a frecuentar el Garage Bar, un pequeño local ―hoy desaparecido― donde se pinchaban vinilos y se reunían aficionados a la música. En él trabajaba Trevor Dietz, un tipo fundamental en la noche dublinesa que acabó convirtiéndose en manager de Fontaines D.C. En el Garage Bar fue donde O’Connell conoció al batería Tom Coll, que fue el que le introdujo al resto de la banda.. Los cinco miembros de Fontaines, además, estudiaban en la escuela BIMM (British and Irish Modern Music Institute) y compartían pasión por la poesía. De aquellas noches en el Garage, leyendo, bebiendo y compartiendo libros, surgieron Vroom y The Winding, dos pequeños poemarios colectivos que publicaron antes de empezar a tocar. En ellos converge la literatura de Jack Kerouac y Allen Ginsberg, con la tradición W. B. Yeats y de Federico García Lorca. “Cuando era más joven me fascinaba su poesía, pero a medida que pasan los años me gustan mucho más sus obras de teatro”, reconoce O’Connell sobre el autor granadino. El año pasado le puso el apellido del poeta a su segundo hijo y dice haber leído la mayoría de sus textos dramáticos, aunque es Bodas de sangre la pieza a la que siempre vuelve.. En Fontaines D.C., como pasa con Yeats o Lorca, la poesía explica el latir del pueblo. Su álbum debut, Dogrel (2019), toma el nombre de un tipo de poesía popular irlandesa que recoge las experiencias de los soldados dublineses enviados a combatir a Sudáfrica y que, a su vez, el grupo de folk The Dubliners recuperó en los años sesenta y donde la banda encontró, en esa tradición, una manera de cantar la realidad de este Dublín contemporáneo.. El cantante Grian Chatten y el baterista Tom Coll durante un concierto de Fontaines D.C. el pasado 30 de agosto en Stradbally, Irlanda. Kieran Frost (Redferns). Desde entonces, Fontaines han ampliado su universo sin perder el vínculo con sus raíces. Hero’s Death (2020), titulado a partir de una obra del dramaturgo Brendan Behan, cuestionaba las expectativas asociadas al éxito; Skinty Fia (2022) exploró la identidad irlandesa desde la diáspora, y Romance (2024), el álbum que les dio el salto internacional, tomó su nombre de un poema de Rimbaud que Grian Chatten (cantante del grupo) y Conor Curley (guitarrista, al igual que O’Connell) solían leer juntos cuando compartían piso en Dublín.. Para su quinto álbum, Dopamine Chamber, que se publicó este viernes, Fontaines D.C. vuelve a trabajar con James Ford, productor de Romance. El proceso, cuenta O’Connell, fue largo y cambiante. Tras semanas de composición y un intento fallido de grabar un disco de guitarras y batería, la banda se trasladó al estudio de un amigo de O’Connell para experimentar con sintetizadores. Llegaron a componer unos 35 temas. Pero cuando tocó grabar, Grian Chatten aún no había terminado las letras así que “se fue a escribir y grabó las voces en un Airbnb en Palermo que había alquilado con nuestro productor”, cuenta el guitarrista entre risas.. Ford (productor también de Arctic Monkeys, Depeche Mode o Gorillaz) ha sido el responsable, entre otras cosas, de traer el sonido del therevox, un sintetizador artesanal que produce tonos ondulantes y una atmósfera oscura y cinematográfica, como de banda sonora de James Bond, que los fans reconocerán en Where Is Gone?, el tema junto a Rosalía que supone la primera colaboración de Fontaines D.C. con otro artista en uno de sus álbumes. “Cuando empezamos a escribir este disco, pensamos en temas que podríamos enviar a la peña para que los cantaran”, explica O’Connell. Uno de ellos fue Tongue, el sexto corte del álbum, que escribieron con la artista catalana en mente, pero que finalmente terminó siendo “un tema muy de Fontaines”.. La idea, sin embargo, quedó suspendida hasta que, en mayo de 2026, Rosalía invitó a Fontaines a ver su concierto, durante el Lux Tour, en el estadio O2 de Londres. O’Connell interpretó el gesto como una señal de que a la cantante le gustaba el grupo, así que le enviaron cinco temas y fue Rosalía la que finalmente eligió Where Is Gone? “Pero no nos conocemos en persona, grabó la voz y nos la envió”, aclara el guitarrista. Ahora ambos artistas intentan cuadrar sus agendas para encontrarse.. O’Connell sigue a Rosalía y C. Tangana desde sus primeros discos y vivió desde Irlanda, con emoción, el auge del trap en España. Cuando se marchó de Madrid, pensaba que encajaría mejor en Dublín, tanto por sus raíces familiares como por su relación con la música; sin embargo, ahora no sabe si por la nostalgia que aparece con la edad o la que brota al ver crecer a los hijos, no descarta volver a España dentro de unos años “si puede ser a algún sitio con playa”, dice.. Aunque vive en Londres, sigue muy conectado con la escena musical española. Fue un amigo madrileño quien le dijo, después de contarle que iba a colaborar con Rosalía, que ella ya lo había hecho enNormal, de Carolina Durante, y está muy interesado en esta nueva generación de jóvenes compositores en cuya música encuentra una sensibilidad y una ternura que no esperaba. “Estoy un poco obsesionado con Pablopablo [músico e hijo de Jorge Drexler]. Le escribí por Instagram y le dije ‘esto es increíble”, reconoce. Desde entonces, hablan a menudo por WhatsApp y Pablo le envía algunos de sus temas antes de publicarlos. “Es lo mejor que me ha podido pasar, que me lleguen temas suyos inéditos”, cuenta O’Connell emocionado.. Para el guitarrista, estas conexiones con España y la colaboración con Rosalía cierran un círculo íntimo que tiende puentes entre las dos culturas que lo han formado. Y coincide con una pérdida que cambia las coordenadas de Fontaines D.C. El 7 de junio murió inesperadamente, a los 47 años, Trevor Dietz, su manager, pero, sobre todo, su confidente, su mentor y un “sexto miembro” de la banda. “A mí me enseñó a ver el mundo de una manera muy bonita”, cuenta O’Connell. En los momentos difíciles de las giras, Dietz les recordaba que estaban haciendo algo bueno para el mundo. “Ahora lo entiendo”, dice el músico. “Yo no importo tanto en esa ecuación cuando hay tanta gente llenándose de vida y de amor con lo que hacemos”.. O’Connell hace entonces una analogía con los conciertos de Nick Cave, que, tras perder a su hijo Arthur en 2015, tomaron una dimensión casi espiritual que, a su juicio, solo puede alcanzarse cuando se conoce el sufrimiento de cerca y eres capaz de convertirlo en algo, de alguna manera, luminoso. En esa línea, Dopamine Chamber explora la búsqueda de placer en un mundo que parece precipitarse hacia el colapso. La inteligencia artificial, la concentración extrema de la riqueza, la violencia política y las guerras (“¡Free Palestine! ¡Fuck Netanyahu! ¡Fuck Zionism!” gritó O’Connell en el escenario de los Rolling Stone UK Awards de 2024) conviven en las mismas pantallas que los memes, los chistes y la cultura de las influencers y celebridades, hasta volver indistinguibles la catástrofe y el entretenimiento. Frente a esa saturación, el álbum, de sonido oscuro y reposado que lo aleja del estallido post-punk que los identificó en sus orígenes, indaga en una sociedad que intenta amortiguar su malestar mediante estímulos constantes, como si pudiera administrarse dosis de dopamina a través del teléfono.. Carlos O’Connell y su pareja, la actriz y modelo francesa Josephine de La Baume, en la Semana de la Moda de Londres, en 2024. Dave Benett (Hoda Davaine/Dave Benett/Getty Images). Pero ¿qué ocurre cuando el placer se convierte en un alivio inmediato frente al dolor? Para O’Connell, la pregunta ya no se limita al mundo que le rodea, sino al futuro que está construyendo para sus hijos y al mundo que les dejará. Desde la muerte de su amigo Trevor Dietz, incluso pensar en canciones se ha vuelto difícil. “Ahora que estamos haciendo más entrevistas, me preguntan qué estoy escuchando o qué me gusta, y no sé qué decir. No puedo ni pensar en una canción”, admite. Hace poco, sin embargo, encontró en una tienda de discos de Estados Unidos un vinilo de Dinah Washington que incluía el tema This Bitter Earth (“Esta tierra amarga”). La canción parece abrir una grieta de luz en medio de ese desánimo y conecta con la resistencia de O’Connell a entregarse al pesimismo: “No quiero ser negativo con respecto al futuro. Hay muchas cosas que no se pueden controlar, pero hay otras que sí. Aún quedan cosas bonitas por vivir”.. Entre ellas, Fontaines D.C. presentará Dopamine Chamber en Madrid el 22 de octubre de 2026, en el Movistar Arena, y en Barcelona el 24 de octubre, en el Sant Jordi Club. En junio de 2027, la banda regresará a la capital catalana como cabeza de cartel del Primavera Sound, que se celebrará del 2 al 6 de junio en el Parc del Fòrum.
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