A finales de los años sesenta, el franquismo intentó dispersar los centros universitarios para frenar las cada vez más intensas protestas estudiantiles. Un ejemplo fue la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), construida en 1968 en Somosaguas para alejarla de La Moncloa. Pese a ello, vivió intensas asambleas y manifestaciones y fue testigo de cómo los grises accedían a caballo a las aulas. La UCM ha construido una nueva facultad y ha empezado a derribar esa parte de su historia. Mantienen que les obliga el Ayuntamiento de Pozuelo, mientras que el consistorio alega que hay que respetar la legalidad urbanística. Varios profesores piden paralizar su demolición hasta que se estudie su valor patrimonial, respaldado por el informe de dos urbanistas, mientras el Colegio de Arquitectos de Madrid (COAM) propondrá dar protección a esos edificios. Pero la piqueta ya está allí.. Seguir leyendo
El COAM propondrá proteger el conjunto histórico de la Facultad de Ciencias Económicas que vivió grandes protestas contra el franquismo, pero los trabajos de demolición ya han empezado
A finales de los años sesenta, el franquismo intentó dispersar los centros universitarios para frenar las cada vez más intensas protestas estudiantiles. Un ejemplo fue la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), construida en 1968 en Somosaguas para alejarla de La Moncloa. Pese a ello, vivió intensas asambleas y manifestaciones y fue testigo de cómo los grises accedían a caballo a las aulas. La UCM ha construido una nueva facultad y ha empezado a derribar esa parte de su historia. Mantienen que les obliga el Ayuntamiento de Pozuelo, mientras que el consistorio alega que hay que respetar la legalidad urbanística. Varios profesores piden paralizar su demolición hasta que se estudie su valor patrimonial, respaldado por el informe de dos urbanistas, mientras el Colegio de Arquitectos de Madrid (COAM) propondrá dar protección a esos edificios. Pero la piqueta ya está allí.. “Dividieron los cursos por pabellones para que los estudiantes de primero no nos contagiáramos de los mayores, que eran los líderes estudiantiles. Yo entré a estudiar aquí en 1974 y había muchísimas protestas por el final del franquismo, la ejecución de Salvador Puig Antic, las asambleas del PCE y de otros partidos ilegales, como el PTE, y toda la resaca de la Revolución de los Claveles en Portugal…”, rememora Miguel Sebastián, exministro de Industria y profesor en este centro.. Asamblea multitudinaria de estudiantes en un edificio de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Complutense de Madrid, en una imagen cedida por la biblioteca de la facultad.. Y continúa: “Varios de los edificios no tenían ventanas para que no hubiera escapatoria en las protestas, lo que los arquitectos llamaban arquitectura represiva. Recuerdo que vino el economista comunista Ramón Tamames y, en cuanto habló de salarios, entraron los grises a disolverla. También hicimos una huelga por la subida de los precios de los autobuses… La represión fue en aumento en esa época. Creo que los edificios son un lugar de memoria”, añade el también profesor de Análisis Económico.. En 1975 fue Rafael Salas quien empezó a estudiar ahí, y ahora también es profesor en la facultad: “Hemos pedido a la universidad una moratoria para poder realizar un informe en profundidad de los edificios, porque corremos el riesgo de que se derribe patrimonio de todos, pero nos dicen que no es posible”. De hecho, un informe preliminar encargado por varios profesores a dos prestigiosos arquitectos, Francisco Arques Soler y Alfonso Muñoz Cosme, pone en valor esos edificios y aconseja mantenerlos.. El edificio de tercer, la primera facultad que se va a derribar. Víctor Sainz. Muñoz Cosme explica a EL PAÍS: “La construcción de Álvaro de la Peña López tiene valor histórico como materialización de una política universitaria que pretendió reprimir a los movimientos estudiantiles. Y valor arquitectónico, pues su estructura de hormigón armado, amplios voladizos inclinados y aulas escalonadas están influidas por el Movimiento Moderno y el Nuevo Brutalismo de Reyner Banham, así como por arquitectos como Alison y Peter Smithson, James Stirling y Le Corbusier”. En su opinión, “esa valoración patrimonial merecería una cierta protección, y si se pueden reutilizar en lugar de destruir, sería mejor para mantenerlo como testigos de la historia”.. Detalle del pabellón prefabricado del conjunto, que también se va a derribar. Víctor Sainz. De hecho, el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM) está elaborando un nuevo listado de edificios a proteger a petición del Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón —donde se ubica Somosaguas— y va a proponer protegerlos. “Coincidimos con ese informe de Arques y Muñoz, son edificios casi fundacionales del campus de Somosaguas, que tienen un valor histórico y arquitectónico. Por eso vamos a solicitar que al menos se mantengan tres edificios que forman el conjunto para que se sigan utilizando”, explica Ramón Andrada, vocal de Patrimonio de la Junta de Gobierno del COAM. Ese listado llegará la semana que viene. El colegio no tenía noticia de que la demolición estuviera tan próxima.. Amparo Berlinches, arquitecta de la asociación Madrid, Ciudadanía y Patrimonio, señala que se le podría aplicar la protección municipal de nivel 2 para mantener la estructura de los edificios. “Demoler unos edificios de ese porte es un despropósito conceptual y económico. Añadamos la repercusión para el medio ambiente del mismo hecho de la demolición, contaminación acústica y medioambiental, volumen de residuos y su transporte, tratamiento…”, apunta.. Algunos profesores han solicitado a la Comunidad de Madrid que estudie la incorporación de los edificios al catálogo de bienes de interés patrimonial de la región, lo que debería paralizar el derribo. El Gobierno regional responde que todavía no ha recibido esa petición ―a la que ha tenido acceso EL PAÍS― y que, por ahora, los edificios no tienen ningún tipo de protección.. La Complutense apunta que necesitaba un nuevo edificio y que formalizó un convenio con Pozuelo, que concedió la licencia urbanística condicionando su licencia a la demolición de las edificaciones existentes. “En relación con el posible valor patrimonial de los edificios, la Universidad ha consultado el catálogo de patrimonio del Ayuntamiento de Pozuelo y la guía de Arquitectura de la Comunidad de Madrid”, elaborada por el COAM. “La UCM es consciente de su responsabilidad en la preservación de los valores culturales que puedan concurrir en su patrimonio, al tiempo que debe garantizar el cumplimiento de la legalidad urbanística, la viabilidad técnica de sus infraestructuras y la utilización eficiente de los recursos públicos”, señalan desde la Universidad.. El edificio de tercero, el primero que se va a derribar. Víctor Sainz. Desde el Ayuntamiento de Pozuelo, por su parte, explican que no exige el derribo de los edificios. “Ha sido la universidad quien ha solicitado la demolición porque quería sustituir la facultad por una nueva. Lo que existe es una cuestión estrictamente urbanística relacionada con el cumplimiento de la edificabilidad máxima permitida en la parcela”, explica un portavoz. Y añaden: “No es el Ayuntamiento quien decide qué edificio debe demolerse, sino la propia UCM, que puede optar por conservar unos edificios u otros, pero no puede superar la edificabilidad permitida”.. Además, “si se considera que estos edificios reúnen valores arquitectónicos o históricos que justifican su conservación, existen cauces administrativos para solicitar que se valoren esas circunstancias”, como serían las alegaciones a la licencia de demolición. Por ahora, dicen, no se han presentado.. La UCM confirma que los trabajos de demolición arrancaron este mismo lunes y está previsto que duren tres meses. Los profesores piden que se aplique una moratoria al derribo mientras se estudia el valor de los edificios, mientras que el COAM cree que merecería la pena conservarlos. Si la protección no llega, otro patrimonio arquitectónico madrileño caerá en breve bajo la piqueta.
EL PAÍS
