Caetano Veloso, desde Lisboa, habla despacio, por videollamada, con esa mezcla de lucidez intelectual y melancolía bahiana que durante seis décadas ha convertido cada entrevista suya en algo más parecido a una conversación filosófica que a una simple promoción de discos o conciertos. A sus 83 años, el músico brasileño, afronta una gira titulada Caetano nos festivais, que pasará por España (Madrid, 4 de junio) y que él mismo describe, sin dramatismo pero con honestidad, como quizá la última parada en nuestro país. Y eso a pesar de la estrecha relación que siempre ha mantenido con la cultura española. Pero no hay nostalgia monumental en sus palabras; más bien cansancio físico, sabia resignación, preocupación política y una mirada amarga —aunque todavía no derrotada— sobre el presente. Habla, sin perder la pasión, de la dictadura militar que sufrió su país, de Silicon Valley, de The Beatles, de la confusión contemporánea y de un Brasil que, pese a todo, sigue creyendo capaz de “decir algo al mundo”.. Seguir leyendo
El músico brasileño, que el 4 de junio actúa en Madrid en el que podría ser su último concierto en España, reflexiona sobre la vejez, el tropicalismo, la tecnología y un mundo que observa con creciente desencanto
Caetano Veloso, desde Lisboa, habla despacio, por videollamada, con esa mezcla de lucidez intelectual y melancolía bahiana que durante seis décadas ha convertido cada entrevista suya en algo más parecido a una conversación filosófica que a una simple promoción de discos o conciertos. A sus 83 años, el músico brasileño, afronta una gira titulada Caetano nos festivais, que pasará por España (Madrid, 4 de junio) y que él mismo describe, sin dramatismo pero con honestidad, como quizá la última parada en nuestro país. Y eso a pesar de la estrecha relación que siempre ha mantenido con la cultura española. Pero no hay nostalgia monumental en sus palabras; más bien cansancio físico, sabia resignación, preocupación política y una mirada amarga —aunque todavía no derrotada— sobre el presente. Habla, sin perder la pasión, de la dictadura militar que sufrió su país, de Silicon Valley, de The Beatles, de la confusión contemporánea y de un Brasil que, pese a todo, sigue creyendo capaz de “decir algo al mundo”.. Pregunta. ¿Cómo afronta esta gira? ¿Ha cambiado mucho su relación con su voz y los escenarios con el paso de los años?. Respuesta. Estoy viejo [ríe], así que llegué a Lisboa y me quedé unos días antes de cantar en Oporto, para después volver aquí y luego ir a Madrid. Creo que así será posible. Antes llegaba a los sitios y salía a charlar, comer, pasear… Esta vez estoy más quieto, queriendo sentirme más descansado.. P. Mucha gente piensa que estos podrían ser sus últimos conciertos en España. Usted mismo lo insinuó en un vídeo en Instagram.. R. No lo pienso exactamente así, pero creo que no es muy fácil pensar en hacer viajes largos a estas alturas de la vida. Cuando vuelva a Brasil, quizá ya no quiera viajar a sitios lejanos. Aunque nunca se sabe. Roberto Menescal [músico de la bossa nova], que tiene 88 años, decía que jamás volvería a Japón porque está muy lejos… y ahora quizá vaya otra vez. Por lo que a mí respecta, no lo tengo claro.. P. ¿Eso cambia la forma de plantear un concierto? No es lo mismo una actuación más que “la última”.. R. Este concierto es básicamente un reflejo de lo que he venido haciendo en Brasil en los últimos tiempos. Pero la elección de canciones es muy actual porque son canciones fuertes, de confrontación con los absurdos del mundo. De varias épocas de mi vida, sí, pero que ahora suenan distintas porque el mundo parece muy loco.. El cantautor brasileño Caetano Veloso, en una imagen cedida por la compañía.. P. Hay artistas veteranos que terminan convertidos en monumentos. Usted, en cambio, sigue discutiendo con el presente. ¿Le incomoda la nostalgia?. R. No, pero me siento consciente de lo que pasa. Veo la complejidad y la dificultad de las cuestiones internacionales y nacionales. Eso me influye incluso en la elección de las canciones.. P. El tropicalismo defendía absorber la cultura extranjera en vez de protegerse de ella. ¿Esa idea sigue vigente en la era digital?. R. El mundo ha cambiado muchísimo. Aquellas ideas fueron saludables para Brasil durante muchos años. Pero hoy, con el mundo digital y los cambios tecnológicos, la cuestión es otra. Mucha gente nueva aparece constantemente en las redes y es muy difícil saber quién es realmente especial. La idea misma del “astro cultural” pertenece más al pasado. Nosotros queríamos reconocer que Brasil formaba parte del mundo y absorber influencias sin someternos a ellas. Eso sigue siendo importante para mí, aunque ahora todo ocurre de una forma mucho más rápida y confusa.. P. Aquel movimiento tomó mucho de la cultura anglosajona, especialmente de The Beatles.. R. The Beatles fueron un fenómeno interesantísimo de la historia de la canción y del mundo. Queríamos reconocer su fuerza creativa sin colocarnos debajo de ellos. Entender que eso formaba parte del mundo en que vivíamos, pero seguir haciendo música brasileña. Admirábamos la libertad creativa que demostraban y la manera en que ampliaban constantemente sus posibilidades artísticas, pero la intención nunca fue imitarlos, sino dialogar con esa energía desde nuestra propia tradición.. P. Siempre combatió el purismo cultural.. R. Porque no puede ser verdadero, sobre todo en países coloniales como los nuestros. En América no existe pureza cultural. Queríamos más energía creativa y por eso no aceptábamos la defensa cerrada de la tradición. Más tarde descubrimos las ideas de Oswald de Andrade [poeta y ensayista] y aquella noción de “antropofagia cultural”: devorar las influencias del mundo dominante para transformarlas en algo nuestro. Esa visión compleja de la cultura sigue pareciéndome válida.. P. La canción Alegría, alegría parecía anunciar en 1968 un Brasil moderno y abierto. ¿Qué siente cuando mira el Brasil actual?. R. Ya era una canción irónica. Estábamos bajo la dictadura militar. Había placer cotidiano en la canción, sí, pero también una mirada amarga. Hoy esa ironía sigue existiendo. Hice un disco hace unos años, Meu coco [de 2021], donde hay canciones muy críticas con el mundo digital y con Silicon Valley. Una visión amarga, aunque compleja.. P. Usted sufrió cárcel y exilio durante la dictadura. ¿Le preocupa el regreso de ciertas añoranzas autoritarias?. R. Sí. Hay gente que dice públicamente que le gustaría que volviera la dictadura militar. Y lo dicen como si nada. Para mí eso es insoportable. La prisión, el confinamiento y el exilio fueron experiencias muy dolorosas. Estuvimos dos meses presos, luego varios meses confinados en Salvador y después más de dos años exiliados. Eso cambió incluso mi manera de enfrentar el mundo.. P. Durante años fue criticado tanto por conservadores como por algunos sectores de la izquierda. ¿Eso le hizo sentirse más libre?. R. Las críticas de la izquierda nos hicieron sufrir, claro, pero formaban parte del debate cultural. Me hacía sentir más libre, desde luego. Lo doloroso fue la actitud de los militares: la prisión, el confinamiento, el exilio. Eso cambió incluso mi coraje.. P. En su obra siempre hay belleza, incluso cuando habla de asuntos dolorosos. ¿La estética sigue siendo una forma de resistencia?. R. Sí, sin duda. Hay que ser así.. P. Usted defendió la ambigüedad estética y sexual mucho antes de que fuera habitual. ¿Hoy existe más libertad real o simplemente más exposición?. R. Ahora parece que hay más exposición que otra cosa. Cuando escribí Verdad tropical [su autobiografía, de 1997] decía que la izquierda necesitaba prestar más atención a las cuestiones raciales, sexuales y de comportamiento. Pero hoy me parece demasiado lo que hay de racialización, sexualización y énfasis en las cuestiones de género. Eso crea mucha confusión.. El cantautor brasileño Caetano Veloso, en una imagen cedida por la compañía.. P. ¿Le sigue emocionando escribir canciones?. R. Sí, siento el deseo. Pero la capacidad parece menor por la vejez. Aun así, continúo haciéndolo.. P. ¿Qué conserva del joven bahiano que llegó a São Paulo en los años sesenta?. R. Sigo reafirmando las cosas interesantes que aquel joven empezó a hacer. Pero ahora entiendo mejor qué significa estar viejo y ver cómo cambia el mundo.. P. Cuando piensa en el futuro de Brasil, ¿predomina en usted el optimismo o la preocupación?. R. Ahora mismo predomina en mí la preocupación; a veces una especie de desencanto. Intento evitar una visión demasiado soñadora de la realidad. La música popular brasileña aún representa una de las grandes fuerzas culturales del país, pero hoy las cosas están tan feas… Brasil parece que no puede salvarse. Pero al mismo tiempo sigue volviendo a mí la sensación de que todavía puede decir algo importante al mundo, aportar una presencia distinta, otra sensibilidad. Ese sentimiento no ha muerto dentro de mí.
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