En una de sus frases más recordadas, Karl Marx afirmaba que “la violencia es la comadrona de toda sociedad vieja que lleva en sus entrañas otra nueva” (El capital, vol. 1, 1867). O, en una variante apócrifa pero muy popular, “la violencia es partera de la historia”. Las tesis del gran historiador Dieter Langewiesche no se alejan demasiado del aforismo marxista, pero lo reformulan con un alcance distinto: la guerra es “una fuerza creativa”, entendida a menudo como motor de progreso. Reconocido por sus trabajos acerca de la historia alemana y europea del siglo XIX, en especial por los que tratan del liberalismo y del nacionalismo, este especialista ha analizado durante años los conflictos armados. Su obra comienza a conocerse en el mundo hispanohablante gracias a la labor de Jesús Millán, de la Universitat de València, quien ha vertido con solvencia al castellano este contundente estudio sobre las guerras en la Europa contemporánea. O, mejor dicho, sobre aquellas en que se vieron implicados los europeos. Un libro lleno de lecciones incómodas. Seguir leyendo
En una de sus frases más recordadas, Karl Marx afirmaba que “la violencia es la comadrona de toda sociedad vieja que lleva en sus entrañas otra nueva” (El capital, vol. 1, 1867). O, en una variante apócrifa pero muy popular, “la violencia es partera de la historia”. Las tesis del gran historiador Dieter Langewiesche no se alejan demasiado del aforismo marxista, pero lo reformulan con un alcance distinto: la guerra es “una fuerza creativa”, entendida a menudo como motor de progreso. Reconocido por sus trabajos acerca de la historia alemana y europea del siglo XIX, en especial por los que tratan del liberalismo y del nacionalismo, este especialista ha analizado durante años los conflictos armados. Su obra comienza a conocerse en el mundo hispanohablante gracias a la labor de Jesús Millán, de la Universitat de València, quien ha vertido con solvencia al castellano este contundente estudio sobre las guerras en la Europa contemporánea. O, mejor dicho, sobre aquellas en que se vieron implicados los europeos. Un libro lleno de lecciones incómodas.El veterano Langewiesche, nacido en 1943, afronta el reto con un estilo distante, algo repetitivo y propenso a la digresión, sin muchas concesiones al lector atento a las vivencias del pasado. Que nadie busque una colección de testimonios de víctimas, tampoco de anécdotas o ejemplos biográficos que aligeren o ilustren sus interpretaciones. El texto se inserta más bien en la historia socio-política que cultivaron las universidades alemanas desde la década de 1960, inspirada en las construcciones teóricas de Marx y, sobre todo, de Max Weber. Busca también los conceptos adecuados para comprender lo que opinaban los coetáneos y ajustar sus propias taxonomías. Y llega además a conclusiones que impactan en los debates actuales. Este armazón se levanta sobre un mar de referencias bibliográficas, casi siempre publicadas originalmente en alemán o en inglés, lo cual limita un esfuerzo tan ambicioso. Es decir, escribe sobre la Revolución Francesa sin apenas citar la inmensa historiografía autóctona, lo mismo que al acercarse a la unificación italiana, no digamos ya a la guerra napoleónica en España —la civil de 1936, ni aparece— o a las que liquidaron el imperio español en América.Dos conceptos fundamentales atraviesan este recorrido: el de guerra total, que convierte a la población civil en cantera principal de sus bajas; y el de guerra circunscrita, librada entre ejércitosPara empezar, en una extensa primera parte se describen las fases que atravesaron las guerras europeas entre el siglo XVIII y el XX. Primero, un conflicto mundial entre potencias, que acabó al hundirse el imperio de Napoleón Bonaparte. Luego, una prolongada paz europea, la del Congreso de Viena, manchada tan sólo por contiendas regionales y capaz de asentar el dominio planetario de Europa durante un siglo, hasta la Primera Guerra Mundial. Los tratados que pusieron término a esta última, mal resue EL PAÍS
En una de sus frases más recordadas, Karl Marx afirmaba que “la violencia es la comadrona de toda sociedad vieja que lleva en sus entrañas otra nueva” (El capital, vol. 1, 1867). O, en una variante apócrifa pero muy popular, “la violencia es partera de la historia”. Las tesis del gran historiador Dieter Langewiesche no se alejan demasiado del aforismo marxista, pero lo reformulan con un alcance distinto: la guerra es “una fuerza creativa”, entendida a menudo como motor de progreso. Reconocido por sus trabajos acerca de la historia alemana y europea del siglo XIX, en especial por los que tratan del liberalismo y del nacionalismo, este especialista ha analizado durante años los conflictos armados. Su obra comienza a conocerse en el mundo hispanohablante gracias a la labor de Jesús Millán, de la Universitat de València, quien ha vertido con solvencia al castellano este contundente estudio sobre las guerras en la Europa contemporánea. O, mejor dicho, sobre aquellas en que se vieron implicados los europeos. Un libro lleno de lecciones incómodas. Seguir leyendo
