Dice Isabel Allende que su primera novela, La casa de los espíritus, fue como una ópera, donde todos los personajes mueren y solo queda uno. Una ópera es lo que parece que se va a estrenar en la sala de prensa del hotel barcelonés donde mantiene su primer encuentro con los periodistas, una vez dormida y descansada, con la voz más fina y risueña que la noche anterior, cuando su nombre sonó como ganadora del 75 premio Planeta y el recinto estalló en aplausos y admiración.. Hay tanta cámara y redactor que la sala de prensa del hotel parece el salón de la Moncloa antes de anunciar elecciones o el Teatro Real a punto de estrenar Tristán e Isolda o el partido inaugural de un Mundial de Fútbol. Parece lo que es, el escenario de una estrella, esta de la literatura y la palabra, que está a punto de hablar y a la que todos quieren escuchar, aunque poco se sepa de su novela La primera hora del Alba. En ella, ese personaje superviviente toma el mando de su vida sin huir del país que la ha maltratado. A su lado, un casi desconocido Sergio Hernández (Valencia, 1994) asiste admirado a las palabras de quien peina cabello entre rubio y blanco y 52 años más que ella.. Pero con la que comparte el honor de quedar finalista con su libro La añoranza. Dos títulos, como ellos mismo convendrán, en que acerca un tema doloroso y común: la dictadura en distintas latitudes y la memoria histórica recuperada. La intervención de Allende ha sido un rosario de frases para conservar que recuerdan que la nueva estrella de Planeta se forjó su universo hace muchos años por méritos naturales.. Isabel Allende: «Tuve que revisar muchas de las cosas que me tocó vivir a mí». La escritora ha llegado a España acompañada por su tercer marido, su hijo, Nicolás, y su nuera, su escolta habitual y a quienes siempre introduce en sus reflexiones, necesarios para ella como son. No se prevé gira de promoción, sí una gran presentación en Madrid el 4 de noviembre en la RAE. La primera hora del Alba, que saldrá a la calle ese mismo día, es una secuela de La casa de los espíritus, el título que la elevó a los altares de la literatura. No es una continuación, sino una especie de desenlace que los lectores le han ido pidiendo en los últimos 40 años y que hasta ahora, ella no había sido capaz de estructurar: Alba, nieta del millonario Esteban Trueba, sale de la cárcel donde el régimen militar de un país no identificado, pero que suena a Chile, la ha metido. Está embarazada y su amor, un guerrillero, desaparecido. Alba podría salir huyendo, como hicieron sus padres y la autora en la vida real, pero decide quedarse y luchar.. «En estos años he vivido en un estado de memoria, tratando de mantener vivo mi país y recuerdo a todas las personas que he perdido. Hablar de la dictadura que la obligó a ella a dejar Chile en 1973 y refugiarse en diferentes países hasta instalarse en EEUU, donde su novela está prohibida, le remueve sentimientos y dudas. «En estos años he vivido en un estado de memoria, tratando de mantener vivo mi país y recuerdo a todas las personas que he perdido (en referencia, también a su tío, Salvador Allende). El mundo peligra, este libro lo podía haber escrito en 1985, pero no estaba maduro. Luego han pasado estas cosas para que me fuercen a ese ejercicio de memoria».. Ambiciona Allende llegar a más lectores, pero no tanto por el placer de saberse leída, sino para que la palabra sirva para comunicar mejor: «Yo soy una comunicadora y la escritura es un medio de conexión, si no hubiera libreros no escribiría; no escribo para mí, sino para conectar a la gente. Respondo a todos los correos que recibo porque esta conexión con el lector es lo que más me importa. Mis libros están traducidos a 42 idiomas y funcionan porque hablo de relaciones y emociones y son universales». Y anima a la gente a que narre sin miedo. «Escribir es como hacer el amor, no necesitas manual, lánzate de cabeza. No puedes corregir una página en blanco, sí una mal escrita. El drama, estar de rodillas y levantarte eso es la escritura, como la vida».. Una obsesión importante es esa gente anónima que parece insignificante, de una generosidad apabullante, Lo vi en los momentos más graves de Chile, vi cuanta solidaridad había. Allende dice que entre la escritora de La casa… y la de hoy hay un hallazgo vital: «Con la edad he descubierto que hay un hilo conductor a lo largo de mi vida, que es la palabra escrita. Empecé a leer a los 5 años en una casa donde había libros, no para niños. Luego fui periodista y finalmente escritora. La otra cosa que descubrí es que no he cambiado tanto, soy la misma persona. Yo no he madurado nada, todavía me apasionan las mismas cosas: Antonio Banderas, querer casarme con el primero que pasa. En la escritura tampoco he cambiado. Una obsesión importante es esa gente anónima que parece insignificante, sale un heroísmo, una generosidad apabullante, Lo vi en los momentos más graves de Chile, vi cuanta solidaridad había y cuánto se traicionaba también. La edad no te hace más sabio, sino más de lo que ya eres. Vayan preparándose para lo que serán ustedes en el futuro», advirtió a los periodistas.. Isabel asegura que el tiempo y 32 novelas no han logrado que confíe en ella misma: «Escribí La casa con la confianza del ignorante, con una libertad que nunca más tuve. Había pisado terreno minado, luego he sido muy crítica y asustada. El 7 de enero (el día antes de ponerse a escribir sus novelas siempre) soy un desastre, todo nervios, descoloco a mi familia. A veces, pienso que esa falta de confianza me hace probarme a mí misma constantemente. Los primeros días son terribles. Luego, uno de los personajes hace algo totalmente inesperado y sé que la novela despegó. Es algo maravilloso con lo que no tengo nada que ver. Cuando termino, vuelvo a sentirme aterrada».. Cuando uno escribe ficción, el mensaje te arruina la historia. Hay que tener cuidado con eso. Allende no presume de tener un objetivo cuando escribe, ni un propósito: «Hay que tener mucho cuidado con el mensaje, cuando uno escribe ficción, el mensaje te arruina la historia. Limítate a contar. Si uno trata de escribir con un propósito, el de preservar la democracia, te pegaste. Ten cuidado con ello. La novela es un terreno rebaladizo y peligroso».. Autora de varias novelas históricas, Allende afirma sin despeinarse que «la historia está escrita por hombre blancos y las demás voces son silenciadas. Las voces de las mujeres, de los niños, de los derrotados, qué pasó con ellas, esas son las que quiero rescatar».. Vivo en EEUU, donde las instituciones democráticas peligran. Me asusta la complacencia ante la costumbre y la frivolización de lo que ocurre. Defiende sin fisuras su condición anti Trump firme y no duda en criticar el régimen que el presidente americano ha impuesto en su país. «Una de las cosas que me importan mucho es la libertad. Vivo en EEUU donde las instituciones democráticas peligran. La democracia se pierde fácilmente y otras veces se va minando por abajo hasta que se derrumba. En EEUU hemos aceptado cosas que antes era inaceptables. Uno va acostumbrándose. Me asusta esa complacencia, eso da ventaja al otro. Me da miedo la frivolización de lo que sucede, pasamos página rápidamente. Las novelas no tienen la voluntad de predecir, pero sí de medir nuestras obsesiones y dolores. Los escritores pasamos mucho tiempo solos y en ese silencio, en esa habitación privada, se pueden hacer relaciones y conexiones que en el mundo real no se pueden hacer. Hay como antenas que van captando lo que está en el aire. Cualquier creador puede hablar de esa antena que solo se escucha en la soledad del silencio creativo».. Y ¿qué le queda por delante a la autora a sus 84 años? «Me queda por ganar un cuarto marido. Tengo uno que por ahora funciona (risas). Nunca me planteé esto como una carrera, ganar etapas. Es un camino delicioso, no es de obstáculos. Nunca me había ganado un premio, pero nunca me había postulado, a mí me caen del cielo. Era la primera vez que lo hacía, con miedo, por si me humillaban. No tenía nada que perder. Espero poder seguir paseando con mis perros y mi marido en ese orden».
La escritora, premio Planeta, mantiene a sus 84 años viva su agilidad de palabra y la fidelidad con su pensamiento. Publicará ‘La primera hora del Alba’ el 4 de noviembre.
Dice Isabel Allende que su primera novela, La casa de los espíritus, fue como una ópera, donde todos los personajes mueren y solo queda uno. Una ópera es lo que parece que se va a estrenar en la sala de prensa del hotel barcelonés donde mantiene su primer encuentro con los periodistas, una vez dormida y descansada, con la voz más fina y risueña que la noche anterior, cuando su nombre sonó como ganadora del 75 premio Planeta y el recinto estalló en aplausos y admiración.. Hay tanta cámara y redactor que la sala de prensa del hotel parece el salón de la Moncloa antes de anunciar elecciones o el Teatro Real a punto de estrenar Tristán e Isolda o el partido inaugural de un Mundial de Fútbol. Parece lo que es, el escenario de una estrella, esta de la literatura y la palabra, que está a punto de hablar y a la que todos quieren escuchar, aunque poco se sepa de su novela La primera hora del Alba. En ella, ese personaje superviviente toma el mando de su vida sin huir del país que la ha maltratado. A su lado, un casi desconocido Sergio Hernández (Valencia, 1994) asiste admirado a las palabras de quien peina cabello entre rubio y blanco y 52 años más que ella.. Pero con la que comparte el honor de quedar finalista con su libro La añoranza. Dos títulos, como ellos mismo convendrán, en que acerca un tema doloroso y común: la dictadura en distintas latitudes y la memoria histórica recuperada. La intervención de Allende ha sido un rosario de frases para conservar que recuerdan que la nueva estrella de Planeta se forjó su universo hace muchos años por méritos naturales.. Isabel Allende: «Tuve que revisar muchas de las cosas que me tocó vivir a mí». La escritora ha llegado a España acompañada por su tercer marido, su hijo, Nicolás, y su nuera, su escolta habitual y a quienes siempre introduce en sus reflexiones, necesarios para ella como son. No se prevé gira de promoción, sí una gran presentación en Madrid el 4 de noviembre en la RAE. La primera hora del Alba, que saldrá a la calle ese mismo día, es una secuela de La casa de los espíritus, el título que la elevó a los altares de la literatura. No es una continuación, sino una especie de desenlace que los lectores le han ido pidiendo en los últimos 40 años y que hasta ahora, ella no había sido capaz de estructurar: Alba, nieta del millonario Esteban Trueba, sale de la cárcel donde el régimen militar de un país no identificado, pero que suena a Chile, la ha metido. Está embarazada y su amor, un guerrillero, desaparecido. Alba podría salir huyendo, como hicieron sus padres y la autora en la vida real, pero decide quedarse y luchar.. «En estos años he vivido en un estado de memoria, tratando de mantener vivo mi país y recuerdo a todas las personas que he perdido. Hablar de la dictadura que la obligó a ella a dejar Chile en 1973 y refugiarse en diferentes países hasta instalarse en EEUU, donde su novela está prohibida, le remueve sentimientos y dudas. «En estos años he vivido en un estado de memoria, tratando de mantener vivo mi país y recuerdo a todas las personas que he perdido (en referencia, también a su tío, Salvador Allende). El mundo peligra, este libro lo podía haber escrito en 1985, pero no estaba maduro. Luego han pasado estas cosas para que me fuercen a ese ejercicio de memoria».. Ambiciona Allende llegar a más lectores, pero no tanto por el placer de saberse leída, sino para que la palabra sirva para comunicar mejor: «Yo soy una comunicadora y la escritura es un medio de conexión, si no hubiera libreros no escribiría; no escribo para mí, sino para conectar a la gente. Respondo a todos los correos que recibo porque esta conexión con el lector es lo que más me importa. Mis libros están traducidos a 42 idiomas y funcionan porque hablo de relaciones y emociones y son universales». Y anima a la gente a que narre sin miedo. «Escribir es como hacer el amor, no necesitas manual, lánzate de cabeza. No puedes corregir una página en blanco, sí una mal escrita. El drama, estar de rodillas y levantarte eso es la escritura, como la vida».. Una obsesión importante es esa gente anónima que parece insignificante, de una generosidad apabullante, Lo vi en los momentos más graves de Chile, vi cuanta solidaridad había. Allende dice que entre la escritora de La casa… y la de hoy hay un hallazgo vital: «Con la edad he descubierto que hay un hilo conductor a lo largo de mi vida, que es la palabra escrita. Empecé a leer a los 5 años en una casa donde había libros, no para niños. Luego fui periodista y finalmente escritora. La otra cosa que descubrí es que no he cambiado tanto, soy la misma persona. Yo no he madurado nada, todavía me apasionan las mismas cosas: Antonio Banderas, querer casarme con el primero que pasa. En la escritura tampoco he cambiado. Una obsesión importante es esa gente anónima que parece insignificante, sale un heroísmo, una generosidad apabullante, Lo vi en los momentos más graves de Chile, vi cuanta solidaridad había y cuánto se traicionaba también. La edad no te hace más sabio, sino más de lo que ya eres. Vayan preparándose para lo que serán ustedes en el futuro», advirtió a los periodistas.. Isabel asegura que el tiempo y 32 novelas no han logrado que confíe en ella misma: «Escribí La casa con la confianza del ignorante, con una libertad que nunca más tuve. Había pisado terreno minado, luego he sido muy crítica y asustada. El 7 de enero (el día antes de ponerse a escribir sus novelas siempre) soy un desastre, todo nervios, descoloco a mi familia. A veces, pienso que esa falta de confianza me hace probarme a mí misma constantemente. Los primeros días son terribles. Luego, uno de los personajes hace algo totalmente inesperado y sé que la novela despegó. Es algo maravilloso con lo que no tengo nada que ver. Cuando termino, vuelvo a sentirme aterrada».. Cuando uno escribe ficción, el mensaje te arruina la historia. Hay que tener cuidado con eso. Allende no presume de tener un objetivo cuando escribe, ni un propósito: «Hay que tener mucho cuidado con el mensaje, cuando uno escribe ficción, el mensaje te arruina la historia. Limítate a contar. Si uno trata de escribir con un propósito, el de preservar la democracia, te pegaste. Ten cuidado con ello. La novela es un terreno rebaladizo y peligroso».. Autora de varias novelas históricas, Allende afirma sin despeinarse que «la historia está escrita por hombre blancos y las demás voces son silenciadas. Las voces de las mujeres, de los niños, de los derrotados, qué pasó con ellas, esas son las que quiero rescatar».. Vivo en EEUU, donde las instituciones democráticas peligran. Me asusta la complacencia ante la costumbre y la frivolización de lo que ocurre. Defiende sin fisuras su condición anti Trump firme y no duda en criticar el régimen que el presidente americano ha impuesto en su país. «Una de las cosas que me importan mucho es la libertad. Vivo en EEUU donde las instituciones democráticas peligran. La democracia se pierde fácilmente y otras veces se va minando por abajo hasta que se derrumba. En EEUU hemos aceptado cosas que antes era inaceptables. Uno va acostumbrándose. Me asusta esa complacencia, eso da ventaja al otro. Me da miedo la frivolización de lo que sucede, pasamos página rápidamente. Las novelas no tienen la voluntad de predecir, pero sí de medir nuestras obsesiones y dolores. Los escritores pasamos mucho tiempo solos y en ese silencio, en esa habitación privada, se pueden hacer relaciones y conexiones que en el mundo real no se pueden hacer. Hay como antenas que van captando lo que está en el aire. Cualquier creador puede hablar de esa antena que solo se escucha en la soledad del silencio creativo».. Y ¿qué le queda por delante a la autora a sus 84 años? «Me queda por ganar un cuarto marido. Tengo uno que por ahora funciona (risas). Nunca me planteé esto como una carrera, ganar etapas. Es un camino delicioso, no es de obstáculos. Nunca me había ganado un premio, pero nunca me había postulado, a mí me caen del cielo. Era la primera vez que lo hacía, con miedo, por si me humillaban. No tenía nada que perder. Espero poder seguir paseando con mis perros y mi marido en ese orden».
