Nos cita Josep Pons (Puig-reig, 69 años) en el jardín del hotel Alma Barcelona. Viste un traje liviano de algodón blanco que recuerda al de Gustav von Aschenbach en Muerte en Venecia. Todas las señales apuntan irremediablemente a Mahler, uno de los compositores fetiche de Pons y autor de la Sinfonía nº 8, conocida como De los mil, con la que el viernes se despedirá como director de la orquesta del Gran Teatre del Liceu barcelonés, tras 14 años dedicados a crear un sonido propio. “Cada sinfonía de Mahler contiene un mundo entero”, cuenta el maestro catalán. “No se me ocurre una partitura más adecuada que la Octava para cerrar esta etapa en la que hemos abarcado tanto”. Seguir leyendo
El maestro catalán cierra su etapa al frente de la orquesta del teatro barcelonés con la ‘Octava’ de Mahler, una partitura colosal para celebrar el trabajo de 14 años hasta alcanzar un sonido propio
Nos cita Josep Pons (Puig-reig, 69 años) en el jardín del hotel Alma Barcelona. Viste un traje liviano de algodón blanco que recuerda al de Gustav von Aschenbach en Muerte en Venecia. Todas las señales apuntan irremediablemente a Mahler, uno de los compositores fetiche de Pons y autor de la Sinfonía nº 8, conocida como De los mil, con la que el viernes se despedirá como director de la orquesta del Gran Teatre del Liceu barcelonés, tras 14 años dedicados a crear un sonido propio. “Cada sinfonía de Mahler contiene un mundo entero”, cuenta el maestro catalán. “No se me ocurre una partitura más adecuada que la Octava para cerrar esta etapa en la que hemos abarcado tanto”. Pons asumió la titularidad de la Orquestra Simfònica del teatro de La Rambla a finales de 2012, en plena ola de recortes. “Fue un momento muy delicado, pues acababan de echar a 15 músicos y todo olía a crisis”, recuerda. “Me comprometí a que no habría un despido más, que defendería cada atril como un león”. Y cumplió su palabra. “En este tiempo no solo hemos creado ámbitos de participación para la toma colectiva de decisiones, sino que la plantilla ha ido aumentando hasta los 94 puestos fijos”. Hoy deja una orquesta “saludable” en todos los sentidos. “Mi relación con los músicos roza lo paternal”, asegura. “El vínculo es muy fuerte…”. No lo ha tenido fácil. A la sangría presupuestaria se sumaron las tensiones del procés y el mazazo de la pandemia. “Antes de asumir un nuevo reto tengo un día lúcido en el que escribo todo lo que quiero hacer y, a partir de ahí, no me desvío ni un milímetro”. Lo demostró con la Orquestra de Cambra Teatre Lliure, a su paso por Granada y en sus nueve años al frente de la Orquesta y Coro Nacionales de España. “En Madrid me encontré con una institución muy anticuada, con inercias de otra época, pese a que yo siempre reivindiqué el origen republicano de una orquesta que ofreció su primer concierto en 1938, precisamente en el Liceu”.Mientras que la generación anterior a la suya (Rafael Frühbeck de Burgos, Jesús López Cobos o su maestro Antoni Ros-Marbà) hizo las maletas en cuanto pudo, Pons decidió quedarse. “Y no por falta de oportunidades”, aclara. “Recibí muchas ofertas, pero siempre pensaba: si todos nos marchamos, ¿quién se encargará de construir lo nuestro?”. Y por construir se refiere a algo más que a levantar auditorios por todas partes. “Había que llenarlos de talento. Al final, gracias a la red de jóvenes orquestas y a centros de primer nivel como la Escuela Reina Sofía hemos conseguido superar el gran vacío musical que dejó el siglo XIX en España”. Josep Pons, durante un concierto al frente de la orquesta del Liceu.Servicio Ilustrado (Automático) (Europa Press)Se considera Pons más sembrador que recolector de frutos orquestales. “Es mi forma de ser y no me importa que otros se lleven los méritos”, confiesa. La hoja de ruta para
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