A menos de tres semanas del estreno de Die Frau ohne Schatten (La mujer sin sombra) en Viena, Hugo von Hofmannsthal escribió una carta a Richard Strauss —con quien venía colaborando regularmente desde hacía una década, a partir de Elektra— en la que le confesaba que era consciente de que esta nueva ópera había supuesto “una carga gigantesca sobre sus hombros”, si bien puntualizó a renglón seguido que “usted ascendió por la montaña más empinada como si fuera un juego de niños”. Nadie mejor que él mismo sabía de la enorme dificultad que suponía poner música a un texto profundamente simbólico, inaprehensible en muchos momentos, que se cierra con un coro de Niños Nonatos, pero del que se sentía profundamente orgulloso, hasta el punto de decidir publicarlo también en paralelo en forma de relato en prosa, muy diferente, por tanto, del libreto operístico, que no podía esquivar determinadas convenciones y que debía revestir necesariamente una naturaleza y una fisonomía teatrales.Seguir leyendo
‘La mujer sin sombra’ de Richard Strauss se estrena en el festival francés en una extraordinaria producción del director de escena australiano llamada a hacer historia
A menos de tres semanas del estreno de Die Frau ohne Schatten (La mujer sin sombra) en Viena, Hugo von Hofmannsthal escribió una carta a Richard Strauss —con quien venía colaborando regularmente desde hacía una década, a partir de Elektra— en la que le confesaba que era consciente de que esta nueva ópera había supuesto “una carga gigantesca sobre sus hombros”, si bien puntualizó a renglón seguido que “usted ascendió por la montaña más empinada como si fuera un juego de niños”. Nadie mejor que él mismo sabía de la enorme dificultad que suponía poner música a un texto profundamente simbólico, inaprehensible en muchos momentos, que se cierra con un coro de Niños Nonatos, pero del que se sentía profundamente orgulloso, hasta el punto de decidir publicarlo también en paralelo en forma de relato en prosa, muy diferente, por tanto, del libreto operístico, que no podía esquivar determinadas convenciones y que debía revestir necesariamente una naturaleza y una fisonomía teatrales.Al final de esta misma carta (18 de septiembre de 1919), Hofmannsthal decía estar “perfectamente preparado para las consabidas dificultades con el tema, para los estúpidos intentos de interpretarlo y hacer cábalas, cuando todo no es sencillamente más que imagenería y cuento fantástico. Todo eso pasará, y aquello que ha de permanecer, permanecerá. La publicación del relato hará que aumenten aún más durante un tiempo las especulaciones, pero dentro de medio año todo eso habrá terminado”. Ocho años después, Strauss se atrevió incluso a recurrir al humor para referirse a la espesa jungla de símbolos que pueblan su creación conjunta, que lleva más de un siglo imponiendo respeto y temor a partes iguales:“A pesar de todas las estúpidas críticas, sigo pensando aún hoy que La mujer sin sombra no es sólo un hermoso poema, sino también un texto operístico de gran eficacia teatral. ¡Además, ahora hay ya también personas que incluso lo «entienden»!”.La casa de Barak (Brian Mulligan) y su mujer (Ambur Braid) tal como la ha imaginado el escenógrafo Michael Levine en la nueva producción de ‘La mujer sin sombra’ dirigida por Barrie Kosky.MONIKA RITTERSHAUSCon cuatro papeles principales plagados de monstruosas exigencias vocales (el propio Hofmannsthal admitió que todo dependería “de las capacidades físicas de los intérpretes”), con una orquestación y unas dimensiones que se quieren herederas directas de las grandes epopeyas wagnerianas, con un argumento cuya comprensibilidad se nos escapa a menudo entre los dedos, con constantes retos para plasmar una escenografía y una dirección teatral creíbles, La mujer sin sombra es territorio únicamente para valientes. Necesita cantantes superdotados, un director musical tan analítico como poético, un director de escena tan imaginativo como fiel al camino trazado por Hofmannsthal, cuyo modus operandi no podía ser más diferente del de Strauss: él escribía como
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