Los estrenos de la Compañía Nacional de Danza (CND), también los del Ballet Nacional de España, la otra agrupación de titularidad estatal española, cuentan cosas que van más allá de lo que pasa en escena. Son percepciones, ideas, que rodean las veladas y se transmiten sin decirse. Como se trata de compañías sustentadas con dinero público, sobre ellas suele planear un concepto de nuestrificación, precioso término que usaba Cristina Cruces, catedrática de Antropología Social, en un reportaje sobre la ortodoxia flamenca publicado en este periódico. Es decir, que muchas voces sienten el objeto que ven como algo suyo y tienen opiniones sobre lo que debería ser: qué y cómo tienen que incluir en su repertorio, cómo debe bailarse, etc.. Seguir leyendo
‘Masa’, de la coreógrafa malagueña, triunfa en una velada que se completó con ‘Tablero’, de Kor’sia, obra con premisas estéticas interesantes, pero camuflada en el exceso y la dispersión
Los estrenos de la Compañía Nacional de Danza (CND), también los del Ballet Nacional de España, la otra agrupación de titularidad estatal española, cuentan cosas que van más allá de lo que pasa en escena. Son percepciones, ideas, que rodean las veladas y se transmiten sin decirse. Como se trata de compañías sustentadas con dinero público, sobre ellas suele planear un concepto de nuestrificación, precioso término que usaba Cristina Cruces, catedrática de Antropología Social, en un reportaje sobre la ortodoxia flamenca publicado en este periódico. Es decir, que muchas voces sienten el objeto que ven como algo suyo y tienen opiniones sobre lo que debería ser: qué y cómo tienen que incluir en su repertorio, cómo debe bailarse, etc.. Struere, nombre del díptico que tuvo su estreno absoluto este martes en el Centro de Danza Matadero de Madrid, es ejemplo de uno de los preceptos que Muriel Romero anunció tras ser nombrada directora de la compañía en 2024: incluir en la CND propuestas de coreógrafos del momento y atender a una danza contemporánea fuera de los grandes focos. Esta corriente de apertura en la compañía estatal, que se echaba en falta durante los últimos años, la inició Nacho Duato con invitados de la danza del momento como Chevi Muraday, que llegó a estrenar dos obras: Inside, en 2004, e Instrucciones para dejarse caer al otro lado del vacío, en 2006. Eso sí, con la CND2, formada por bailarines más jóvenes.. Así que con Struere se abren nuevas ventanas para la CND. Y aunque artísticamente el resultado del díptico formado por Masa, de Luz Arcas, y Tablero, de Kor’sia (en ese orden), resultó desigual, la propuesta global es del todo pertinente.. Un momento de ‘Tablero’.Alba Muriel (CND). El discurso de Luz Arcas despunta en la escena como uno de los más interesantes y verdaderos. Lo certifica la mayoría de sus trabajos. Esa mezcla de profundidad y riesgo, que suele empapar todo por encima de fórmulas más fáciles. Pero también es un lenguaje que puede resultar exigente para el público habitual de la CND, que, como todos, tendrá sus expectativas (grandes aliadas del fracaso, por cierto). Sobre si interesó a la audiencia o no, nada podemos saber, hoy se aplaude absolutamente todo con gran entusiasmo, pero desde luego Masa dejó unas cuantas cosas sobre el tapete, y todas fabulosas. La primera, que tiene que ver con el hecho artístico en sí, es la capacidad que ha mostrado Arcas para saber primar su propuesta corporal y lograr transmitirla a los bailarines. La segunda responde al camino de vuelta que pasa por la entrega de esos bailarines a la propuesta de la coreógrafa, que abrazan en escena con entrega y confianza.. A Luz Arcas no le interesan los cuerpos como instrumentos de representación. Eso de aprenderse una serie de movimientos y ejecutarlos. Su querencia pasa por el cuerpo como materia, como ella misma lo ha definido en alguna ocasión. El cuerpo que genera la propia coreografía y al que hay que atender, sin miedo y con devoción, porque es el que dicta el recorrido coreográfico y emocional de la pieza.. Masa, para la que cuenta con 23 bailarines, todos ellos todo el rato en un escenario despejado en el que conviven sin agobios, recoge varias ideas sobre lo colectivo, en materia social y antropológica, inspiradas en el libro Masa y poder, del pensador Elías Canetti. Y los bailarines de la CND bordan la desesperación y el vacío, la comunidad y lo identitario, con interpretaciones de gran madurez como la de Gaizka Morales, memorable por arrebatador y salvaje, absolutamente rendido a la propuesta de cuerpo encarnado, sin perder el centro de la técnica.. La propuesta se siente muy pensada, en cuanto a movimiento, luces, sonido, vestuario… todo con autoría del equipo habitual con el que trabaja Arcas en su compañía La Phármaco. Y transmite rigor y compromiso desde cualquier ángulo. También hay apuesta, en lugar de fórmula. Consciente de que un final en todo lo alto (en cuanto a música y energía lumínica y corporal) funciona como un resorte para levantar al público hacia el apluso y la ovación desmedida, como quien solo subraya la última línea de un libro, Arcas huye de la receta infalible y propone justo lo contrario.. Otra imagen de ‘Masa’, de Luz Arcas.ALBA MURIEL (CND). Tablero, de Antonio de Rosa y Mattia Russo, directores de Kor’sia, también gira de alguna manera sobre el poder de lo colectivo. El que encuentra la fuerza en reuniones de plazas de pueblos y por donde desfilan culturas varias, en este caso la española y la napolitana (de donde provienen los creadores). Una escenografía móvil, configurada por paneles que simulan trozos de suelo y sujetan los bailarines (cada uno el suyo), marca la primera parte de Tablero. La idea visual tiene fuerza y poética, también recuerda al imaginario general del coreógrafo griego Dimitris Papaioannou (toda la obra desprende esa referencia), y al Sutra de Sidi Larbi Cherkaoui, de manera más concreta; pero la manera de relacionarse con lo coreográfico y con los propios bailarines resulta frágil y acaban restando lecturas.. En general, el mensaje de mixturas culturales y el poder del pueblo en la construcción de identidades queda diluido, opacado por un excesivo juego de luces, que acaban produciendo desinformación en ciertos momentos, en lugar de coherencia narrativa. La pieza es oscura, en sentido literal. Y ni siquiera en la segunda parte de la obra, claramente diferenciada, se da cierta nitidez, porque la iluminación que se anuncia, ya sin los paneles móviles del inicio, dura poco y regresa algo ciertamente borroso. Se esconde entonces una propuesta de movimiento que por momentos se adivina realmente interesante, como a contratiempo de la música.. Numerosos elementos escenográficos, como un caballo de Troya a escala real, pueblan la obra y se echa en falta una cohesión más clara y menos inmediata con la propuesta, que acaba teniendo una factura final dispersa y casi camuflada, tímida (en las antípodas de la contundencia de Masa), a pesar de las atractivas ideas que se proponen.
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