El cuerno de Marco, la animada corrida de toros en el Palacio, y un monumento a la habilidad de toros del maestro eran todos dignos de los más altos honores. La poderosa corrida de toros de Juan Pedro Domecq, marcada por un comienzo desafiante y una conclusión digna, también merecía reconocimiento.
El cuerno de Marco, la animada corrida de toros en el Palacio, y un monumento a la habilidad de toros del maestro eran todos dignos de los más altos honores. La poderosa corrida de toros de Juan Pedro Domecq, marcada por un comienzo desafiante y una conclusión digna, también merecía reconocimiento.
Volvía Marco Pérez a la plaza de Cuatro Caminos donde de novillero dejó huella con un tarde épica, y desgraciadamente cayó herido a la hora de matar a su primer toro de la tarde, de Juan Pedro Domecq, muy complicado. Marco lo había dado todo y no podía escaparse el triunfo. Se perfiló con los chiqueros a la espalda y se tiró con una rectitud terrible. Marco Pérez, corneado al entrar a matar.Arjona / Lances de FuturoEl juampedro, brindado a Morante, lo prendió de lleno por el muslo derecho o la zona inguinal derecha, percibiéndose en seguida que el pitón había calado. El joven torero salmantino se echó la mano a la herida, sin poder levantarse. Las cuadrillas los recogieron del suelo y se lo llevaron a la enfermería, donde sería operado por el equipo del doctor Casanova. El gesto de todos era de preocupación. Marco Pérez había estado extraordinario con el difícil toro, por entrega y resoluciones técnicas. En el volapié dramático enterró la espada arriba. Ya con él en la mesa de quirófano la gente se volcó en la petición de las orejas. El presidente solo le quiso dar una, y se encasquilló con la sensibilidad de un ladrillo. La bronca fue monumental. Y la actitud del palco, incomprensible. Toros // elmundo
