La decisión de Christopher Nolan de rodar en formato IMAX 70 mm empuja el espectáculo cinematográfico hacia nuevas fronteras y alienta el debate sobre las limitaciones de las salas
La frase más famosa de la historia del cine acerca de los sistemas de rodaje y de proyección la pronunció Fritz Lang en los años cincuenta: “El cinemascope solo sirve para filmar serpientes y entierros”. En unos años en los que la gente se empezaba a quedar en casa a ver la televisión, el cine entraba en crisis y la industria intentaba responder con sistemas más espectaculares que devolvieran al público a las salas, el director austriaco, insigne creador de Metrópolis y Furia, entre muchas otras, pensaba que una panorámica tan ancha (2:35:1, y hasta 2.55:1) no se adaptaba a la proporción natural del rostro humano ni al encuadre que el director debía controlar. Sin especificarlo, Lang hablaba de la mirada del artista. De su importancia, de su esencia. En términos prácticos: de qué queda dentro del plano y qué queda fuera.Más informaciónMás de 70 años después, otro director célebre, este contemporáneo, el británico Christopher Nolan, en un ambiente lejano en el tiempo, aunque semejante en cuanto a dar respuesta tecnológica y quizá artística a los desmanes del público a la hora de consumir cine y a su alejamiento de las salas, ha filmado La odisea en IMAX 70 mm, sistema con mucha mayor resolución y una disposición tan ancha en la horizontal pero más alta en la vertical, además de envolvente, que bien podría ser la respuesta a las reticencias de Lang. El problema es que solo un puñado de cines en todo el mundo (tres en toda la Unión Europea y 25 en Estados Unidos) posee la tecnología necesaria para que se proyecte tal y como la ideó Nolan. En España, la experiencia se puede vivir a medias: hay salas con tecnología IMAX o que pueden acoger los 70 mm, pero no con ambas características a la vez. En la inmensa mayoría de los cines, por tanto, la gente ve los planos cortados por arriba y por abajo. Es decir, la mirada del artista queda enturbiada.El director de El caballero oscuro, Origen y Oppenheimer sabía que esto ocurriría. Entonces, ¿por qué lo ha hecho? Nolan ha explicado en diversas entrevistas que la traducción geométrica estaba calculada desde el rodaje junto con su director de fotografía, Hoyte van Hoytema. Para asegurarse de que ninguna parte vital de la escena se perdiera al pasar de una pantalla gigante algo más cuadrada (relación de aspecto, 1.43:1) a la panorámica tradicional de la mayoría de los cines (flat, 1.85:1; y scope, 2.39:1), la puesta en escena (es decir, la composición del plano) le llevó a colocar siempre en el centro del encuadre los elementos esenciales, y además, durante el rodaje, al mirar por el visor, tenían visibles las líneas de guía con todos los formatos y las relaciones de aspecto. En cualquier instante sabían lo que quedaría dentro y fuera del plano, dependiendo de cada cine. Una imagen de ‘La Odisea’.Sin embargo, la lucha a muerte contra unos gigantes hace que estos se vean enteros en esas pocas salas y con las cabezas cortadas en la mayoría; una torre
La frase más famosa de la historia del cine acerca de los sistemas de rodaje y de proyección la pronunció Fritz Lang en los años cincuenta: “El cinemascope solo sirve para filmar serpientes y entierros”. En unos años en los que la gente se empezaba a quedar en casa a ver la televisión, el cine entraba en crisis y la industria intentaba responder con sistemas más espectaculares que devolvieran al público a las salas, el director austriaco, insigne creador de Metrópolis y Furia, entre muchas otras, pensaba que una panorámica tan ancha (2:35:1, y hasta 2.55:1) no se adaptaba a la proporción natural del rostro humano ni al encuadre que el director debía controlar. Sin especificarlo, Lang hablaba de la mirada del artista. De su importancia, de su esencia. En términos prácticos: de qué queda dentro del plano y qué queda fuera. Seguir leyendo
