Los santos han cobrado otro aspecto. En las paredes del Refectorio de la antigua Cartuja de Sevilla, donde los monjes compartían sus comidas en silencio sepulcral, aparecen ahora nuevas figuras de devoción: cantantes y estrellas de cine de los noventa, criaturas monstruosas y otros personajes extraídos de ficciones fechadas en el último cambio de milenio. En el recinto, actual sede del CAAC, los retratos se agrupan en dos hileras sobre los zócalos de azulejos mudéjares o aparecen aislados entre restos de pinturas murales. Sus colores saturados, próximos al tecnicolor tardío de los videoclips noventeros y al brillo artificial de las revistas juveniles, introducen una intensidad ácida y eléctrica a los muros encalados, en los que perviven huellas de varios siglos de historia. Ese choque produce una fricción algo violenta, pero acompañada de una continuidad extraña y estimulante, como si unas imágenes de culto hubieran venido a ocupar el lugar de otras.. Seguir leyendo
Los santos han cobrado otro aspecto. En las paredes del Refectorio de la antigua Cartuja de Sevilla, donde los monjes compartían sus comidas en silencio sepulcral, aparecen ahora nuevas figuras de devoción: cantantes y estrellas de cine de los noventa, criaturas monstruosas y otros personajes extraídos de ficciones fechadas en el último cambio de milenio. En el recinto, actual sede del CAAC, los retratos se agrupan en dos hileras sobre los zócalos de azulejos mudéjares o aparecen aislados entre restos de pinturas murales. Sus colores saturados, próximos al tecnicolor tardío de los videoclips noventeros y al brillo artificial de las revistas juveniles, introducen una intensidad ácida y eléctrica a los muros encalados, en los que perviven huellas de varios siglos de historia. Ese choque produce una fricción algo violenta, pero acompañada de una continuidad extraña y estimulante, como si unas imágenes de culto hubieran venido a ocupar el lugar de otras. Seguir leyendo
Los santos han cobrado otro aspecto. En las paredes del Refectorio de la antigua Cartuja de Sevilla, donde los monjes compartían sus comidas en silencio sepulcral, aparecen ahora nuevas figuras de devoción: cantantes y estrellas de cine de los noventa, criaturas monstruosas y otros personajes extraídos de ficciones fechadas en el último cambio de milenio. En el recinto, actual sede del CAAC, los retratos se agrupan en dos hileras sobre los zócalos de azulejos mudéjares o aparecen aislados entre restos de pinturas murales. Sus colores saturados, próximos al tecnicolor tardío de los videoclips noventeros y al brillo artificial de las revistas juveniles, introducen una intensidad ácida y eléctrica a los muros encalados, en los que perviven huellas de varios siglos de historia. Ese choque produce una fricción algo violenta, pero acompañada de una continuidad extraña y estimulante, como si unas imágenes de culto hubieran venido a ocupar el lugar de otras.. La responsable de esta sustitución es Manuela Solano, artista trans mexicana de 39 años afincada en Berlín. Su exposición Alien Queen / Paraíso Extraño, presentada antes en una versión distinta en el Museo Tamayo de Ciudad de México, reúne 36 pinturas realizadas a lo largo de siete años, cuyos protagonistas proceden del cine, la televisión, los videoclips y otros productos de la cultura de masas de finales del siglo XX. Son imágenes que marcaron su infancia y adolescencia, convertidas en un repositorio íntimo de recuerdos, deseos y tal vez identificaciones. Solano perdió la vista en 2013 a consecuencia de una infección relacionada con el VIH que, según ha contado, fue tratada con negligencia médica. Sus pinturas reconstruyen imágenes que ya no puede ver, pero que conserva con extraordinaria nitidez en su imaginación.. Al dejar de ver, Solano cambió de forma de pintar. Sustituyó el pincel por las manos. Con ayuda de sus asistentes, reconstruye las composiciones mediante hilos y clavos sobre el lienzo que le permiten reconocer los contornos con los dedos. Después extiende el pigmento con las palmas y las yemas, un proceso que, a veces, se prolonga durante meses y que exige una precisión técnica que no siempre se adivina tras el aspecto espontáneo o imperfecto de sus cuadros. El resultado puede remitir erróneamente a la tradición del bad painting, término popularizado por la muestra organizada en el New Museum en 1978, cuyos participantes cuestionaron las convenciones del buen gusto y las ideas tradicionales sobre la destreza pictórica. En Solano, esa paradoja se acentúa: todo lo que se puede confundir con impericia es fruto de un virtuosismo singular, capaz de reconstruir mediante el tacto y la memoria las imágenes que dejó de ver años atrás.. El retrato de Mónica Naranjo a cargo de Manuela Solano, en su muestra ‘Alien Queen / Paraíso Extraño’, que se puede visitar en el CAAC de Sevilla.Pepe Morón (CAAC SEVILLA). En las paredes de la Cartuja, Cher tiene de vecinas a Christina Aguilera y a Pink, mientras Nosferatu convive con E.T. o con la Emperatriz Infantil de La historia interminable. Solano reúne un reparto de celebridades y criaturas fantásticas de los años ochenta, noventa y dos mil que compone una arqueología sentimental y bastante queer. Muchos de esos personajes comparten una condición de marginalidad o desamparo, incluso cuando aparecen bajo las formas más espectaculares de poder y belleza, o bajo la apariencia de la más anodina normalidad. En el primer grupo, la Reina Alien es una criatura concebida para provocar terror que Solano retrata con la dignidad de una mujer de Estado. En otro registro se sitúa Evelyn, la protagonista de Tomates verdes fritos, atrapada en una existencia doméstica que la ha convertido en un personaje secundario de su propia vida. Solano la retrata con ternura, envuelta en un vestido casero de celofán en la cocina de su hogar, mientras espera a su marido con el anhelo de reavivar la pasión de un matrimonio que languidece.. La desmesura del retrato de Mónica Naranjo resulta aún más elocuente. La cantante, incomprendida en sus comienzos y aclamada después, lleva los atributos de la diva, siempre al borde de lo kitsch, hasta un territorio próximo a lo sobrenatural, con algo de criatura fantástica y otro poco de aparición religiosa. La sensibilidad camp tiñe los cuadros de Solano, que contempla estas figuras con una mezcla de humor distante y admiración sincera. La acumulación de lienzos produce un efecto que supera al de cada pintura aislada: el conjunto adquiere una dimensión instalativa. La teatralidad y el exceso de la cultura pop encuentran un parentesco inesperado con el espectáculo propio del Barroco. En el catálogo de la muestra, el comisario Gilberto González relaciona el trabajo de Solano con el Atlas Mnemosyne de Aby Warburg, que reunió centenares de reproducciones pertenecientes a épocas y contextos distintos para estudiar la supervivencia de gestos, símbolos y emociones a través de los siglos. Solano construye una constelación comparable, aunque circunscrita a un arco temporal más reducido, con los materiales de su propia educación sentimental.. ‘Evelyn’ (2024), retrato de Kathy Bates en la película ‘Tomates verdes fritos’, de Manuela Solano.René López (CAAC SEVILLA). Los conventos y monasterios fueron espacios de encargo, conservación y exhibición de pinturas, esculturas y objetos devocionales. En el Refectorio sevillano, Solano reactiva esa experiencia de contemplación con un repertorio que González describe como “un panteón de márgenes y marginadas, un orden alterno que desplaza las jerarquías y reescribe genealogías posibles para la cultura visual contemporánea”. La solemnidad de la arquitectura aloja imágenes que durante décadas circularon por los canales culturales menos prestigiosos. Hasta las protagonistas de Juegos salvajes, aquel thriller erótico de 1998 en el que dos adolescentes convertían el sexo y la mentira en instrumentos de poder, conquistan aquí una canonización moralmente interesante, casi sacrílega en el contexto del antiguo comedor de los cartujos.. Las divas de Solano pertenecen a una religión privada que solía celebrar sus rituales en los dormitorios adolescentes. En su ensayo para el catálogo, Alana S. Portero relaciona la experiencia de la infancia queer o trans con el descubrimiento de figuras capaces de abrir otras posibilidades de existencia. Para quienes crecieron sin encontrar referentes en su entorno inmediato, una cantante extravagante o una criatura fantástica podían ofrecer una perspectiva de emancipación, en la que la diferencia propia se convertía en motivo de celebración allí donde otros solo veían anomalía y monstruosidad.. Imagen de la exposición: Manuela Solano, Alien Queen / Paraíso Extraño, 2026. Vistas de sala. Cortesía de la artista. CAAC. Fotografía: Pepe Morón (CAAC SEVILLA)Pepe Morón (CAAC SEVILLA). La exposición recuerda también al aspecto de otro panteón cotidiano: los feeds de las redes sociales, donde se suceden fotografías personales, instantáneas de alfombras rojas, anuncios de productos cosméticos, imágenes de guerra y la dosis obligatoria de memes. Queda claro que la de Solano es una sensibilidad formada por la circulación masiva de imágenes, cuya velocidad consigue detener mediante la pintura. Lo que estaba ideado para su reproducción industrial adquiere escala y permanencia en un lugar pensado para el recogimiento.. La muestra resulta poderosa en sus aparentes contradicciones: la imagen desechable convertida en objeto duradero, la devoción religiosa confundida con la que inspira la sociedad del espectáculo, la supuesta impericia sostenida por una gran exigencia técnica. Solano también devuelve actualidad a una sensibilidad posmoderna que, entre tanta apropiación y sarcasmo, había agotado buena parte de sus recursos. Solano recupera ese acercamiento, solo que le añade una intensidad personal y una carga emotiva que no siempre tuvo. Sus cuadros convierten en virtudes lo que los criterios académicos habrían considerado defectos. A veces, es la mala pintura la que deja en evidencia a la supuestamente buena.. ‘Manuela Solano. Alien Queen / Paraíso Extraño’. CAAC. Sevilla. Hasta el 8 de noviembre.
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