En Barranquilla el calor se siente desde temprano. Se mete por las ventanas, se pega a las paredes, baja por la espalda y obliga a buscar sombra. El ventilador da vueltas como puede. En las terrazas se habla duro. Los vecinos se enteran de todo. Y cuando suena un tambor, nadie necesita que le expliquen de dónde viene.. Seguir leyendo
La cantante colombiana ha comenzado en Madrid otra etapa de su historia. Lo interesante no son las cifras de sus conciertos, sino la demostración de que Madrid, España, Europa también son una mezcla. El mundo entero lo es
En Barranquilla el calor se siente desde temprano. Se mete por las ventanas, se pega a las paredes, baja por la espalda y obliga a buscar sombra. El ventilador da vueltas como puede. En las terrazas se habla duro. Los vecinos se enteran de todo. Y cuando suena un tambor, nadie necesita que le expliquen de dónde viene.. En esta ciudad nació Shakira. Eso debería decir algo. No todo, pero algo.. Barranquilla es una ciudad hecha de llegadas, partidas, mezclas, acentos, puertos, carnavales, músicos y gente que aprendió hace rato que la identidad no es una cosa quieta. Aquí nadie es completamente de un solo lado.. Quizás por eso Shakira nunca necesitó escoger entre una identidad y otra. La llevaba todas encima.. La mujer que hoy canta ante decenas de miles en un estadio europeo sigue siendo aquella muchacha de una ciudad caribeña donde las culturas se mezclaron mucho antes de que alguien inventara la palabra globalización. Ahí puede estar una de las claves para entenderla.. La historia de Shakira suele contarse al revés, desde récords, premios, discos, giras y estadios. Quizá haya que empezar por otra parte, por la cabeza.. Porque el éxito también puede alejar. Primero del barrio y después del barrio que uno lleva por dentro, hasta que los aplausos hacen creer que se está por encima de los demás. Shakira ha vivido cerca de esa frontera sin cruzarla.. En la Costa tenemos una palabra para eso: espantajopismo. Es cuando uno sube un escalón y empieza a mirar por encima del hombro.. En febrero de 2025 Barranquilla volvió a recibirla. Dos conciertos, una ciudad de fiesta, 95% de ocupación hotelera, más de 15.000 camas ocupadas y un movimiento económico superior a los 67.000 millones de pesos. También aumentó el tráfico aéreo y Barranquilla volvió a ponerse en el mapa de los grandes acontecimientos internacionales.. Pero las estadísticas, aunque impresionantes, no cuentan la muchacha que se puso una camiseta de Shakira para ir al concierto. No cuentan al taxista que trabajó hasta la madrugada. No cuentan al restaurante que vendió el doble. No cuentan a la mamá que llevó a su hija para decirle: Mira, ella salió de aquí.. Eso también es economía.. Pero es otra clase de economía. La de la memoria, la que hace que una ciudad se mire por dentro. Eso fue lo que pasó. Shakira regresó a demostrar que el lugar donde uno nace no tiene por qué ser una frontera.. Hay algo particular en esa historia. Aprendimos hace siglos que las cosas importantes no vienen puras. El arroz tampoco. La música tampoco. La lengua tampoco. Mucho menos nosotros.. En Shakira conviven el Mediterráneo, el Medio Oriente, África, España, América Latina y esa mezcla extraña que solamente puede producir una ciudad portuaria como Barranquilla. Ella misma lo ha explicado cuando habla de mestizaje, como una experiencia personal, no como una palabra académica.. Lleva muchas historias encima. En las caderas está el ritmo que le viene de su padre. En la memoria, Colombia. En sus hijos, esa mezcla que sigue andando. No habla del mestizaje como quien junta ingredientes, sino como quien habla de sí misma. Tal vez ahí esté una de sus mayores fuerzas. Mientras otros acomodan su identidad a lo que pide el mercado, Shakira hizo lo contrario. Puso su mezcla en el mundo y convirtió su origen en lenguaje.. Eso parece sencillo visto desde el presente. No lo era. Hubo un tiempo en que cantar en español era una barrera y una mujer latina tenía que traducirse para ser escuchada. Shakira hizo que el mundo aprendiera parte de su idioma, su movimiento, su ritmo y su mezcla.. Pero hay otra Shakira, menos fotografiada, la que pregunta y sospecha. Desde Pies descalzos, ¿Dónde están los ladrones? y Octavo día, interrogó la religión, el poder, la corrupción y la condición humana. Porque preguntar es no arrodillarse ante la realidad. Esa mujer ya estaba ahí mucho antes de los estadios.. A veces el pensamiento no viene vestido de filósofo. A veces llega con guitarra, o guacharaca. A veces baila. A veces tiene el pelo alborotado. Y a veces llena un estadio.. Ahora habla también de la soledad contemporánea. Y ahí aparece una paradoja. Una mujer acostumbrada a reunir multitudes advierte sobre un mundo cada vez más conectado y, al mismo tiempo, más solo. En este diario, Shakira habló de “una humanidad conectada por pantallas y, al mismo tiempo, cada vez más aislada”. La fama puede producir lo mismo, miles mirando a una sola, mientras esa persona queda encerrada en la imagen que otros construyen de ella. La tecnología no inventó la soledad, la multiplicó. Quizá por eso Shakira puede hablar de ella, ha estado rodeada de miles, ha conocido el silencio y ha sido observada por millones.. En septiembre de 2026 comenzó en Madrid otra etapa de su historia. Más de 600.000 entradas vendidas. Doce conciertos previstos. Un recinto con capacidad para 55.000 personas. Podríamos quedarnos con el número, pero aquí, lo interesante no son las 600.000 entradas. Lo interesante es lo que hay detrás de ellas.. Una mujer que llega desde América a Madrid convertida en una de las grandes figuras de la música mundial y decide hablar de identidad, de mestizaje, de los encuentros que producen las migraciones y de esa vieja verdad que América Latina conoce desde hace siglos, nadie sale completamente intacto de un encuentro entre culturas.. Europa también es una mezcla. España también. Madrid también. El mundo entero lo es. Y quizás Shakira tenga algo que decir precisamente porque viene de un lugar donde esa mezcla nunca necesitó demasiadas explicaciones. Aquí simplemente ocurrió.. Su filantropía tampoco ha sido un asunto de pantalla. En distintas regiones de Colombia ha llevado escuelas, educación y oportunidades donde durante años hicieron falta.. Y después está el Chocó.. Aquí se acaba el espectáculo. El 10 de agosto de 2026 un terremoto golpeó al departamento.. Días después, Shakira llegó a Quibdó junto con Howard Buffett. No llegó con una tarima. Llegó con un compromiso. La reconstrucción educativa quedó en el centro de la iniciativa. Se anunciaron acciones para recuperar diez escuelas y apoyar la Universidad Tecnológica del Chocó, mientras otros aliados comprometieron recursos para la reconstrucción.. Una escuela. Ahí está la palabra. No una alfombra roja. No un premio. Es una escuela. Porque si hay algo que termina explicando mejor a Shakira que cualquier récord, son los lugares donde decide poner los ojos cuando las cámaras se van. Pudo haber mirado hacia otro lado.. Miró hacia los niños. Eso cambia la lectura de una carrera. Porque la fama puede servir para comprar cosas. También puede servir para abrir puertas. La diferencia está en qué puertas se abren.. Pies Descalzos nació de una idea sencilla, pero todavía revolucionaria en Colombia: un niño con educación tiene más posibilidades de decidir su destino. Desde entonces, Shakira ha construido escuelas y usado su influencia para llevar la mirada hacia lugares donde el Estado muchas veces llegó tarde.. No hay glamour en eso. Hay ladrillos. Hay pupitres. Hay profesores. Hay niños. Y quizá allí se encuentra una definición más seria del éxito.. Quizá por eso Shakira resulta más interesante cuando deja de ser Shakira. Cuando se quita, aunque sea por un instante, la imagen de la estrella. Cuando habla de una escuela. De un niño. De la soledad. Del mestizaje. De Dios. De la guerra interior. De la necesidad de volver a empezar. Allí aparece la mujer. Y detrás de la mujer aparece el pensamiento.. José Lezama Lima, aquel cubano que sabía que la literatura también podía ser una forma de descifrar la realidad, escribió que “la única manera de vencer el tiempo es haciendo que el tiempo sea creador”.. Por eso la discusión sobre Shakira no debería terminar en la palabra “éxito”. Éxito es una palabra demasiado pequeña, y a veces aburrFdora. Tampoco debería terminar en “fama”. La fama es apenas el ruido que queda alrededor.. La pregunta es otra, ¿qué hizo con todo ese poder? Lo convirtió en educación, identidad y construcción. Demostró que una mujer puede vivir varias vidas. Eso va más allá del espectáculo.. Entonces sí. Puede sonar grande. Puede parecer exagerado. Pero quizá valga la pena formular la pregunta: ¿Podría algún día el nombre de Shakira Mebarak entrar en la conversación alrededor del Nobel de la Paz?. No por cantar, bailar o llenar estadios, ni por ser famosa, sino por algo más difícil de medir. Por entender que la cultura puede ser un puente, la educación una forma de paz, el mestizaje no una herida y la identidad una manera de unir. Por usar sus reflectores para mirar hacia quienes viven donde no llegan las cámaras.. Quizá el Nobel sea demasiado. Quizá no. Las preguntas importantes siempre parecen demasiado grandes cuando se formulan por primera vez.. Detrás de la mujer que mueve un estadio entero hay otra, menos visible, que lleva años haciendo algo mucho más difícil, pensar mientras todos la están mirando. Y tal vez, en estos tiempos de ruido, eso también sea una forma de tenacidad.. Ricardo Arquez Benavides es un escritor mompoxino.
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