Si está usted en Madrid o cerca, en los alrededores, corra hasta el Teatro Real, que aún hay entradas disponibles. No se arrepentirá. Allí hay ahora un espectáculo: la compañía estadounidense Alvin Ailey American Dance Theater, que nos entrega su alma para reparar la nuestra. Es de esas veces que lo muy bello es también lo muy bueno. Y alguien se preguntará: ¿con la que está cayendo —y está por caer—, estamos para bailes? ¡Absolutamente, sí! Sobre todo, si la danza que nos proponen es algo tan honesto, verdadero y carnalmente vibrante como la que practican los herederos vitales y estéticos de Alvin Ailey, custodios del patrimonio coreográfico de su fundador y que han sabido encontrar las mejores fórmulas para seguir adelante una vez desaparece el líder; en eso son ejemplares, como en tantas otras cosas, de lo práctico a la transmisión de esa conciencia humanista, conciliadora, reivindicativa, y siempre alentados por una poética capaz de alcanzar a todos. La alegría de vivir está en la alegría de danzar, grita el cuerpo. Seguir leyendo
Si está usted en Madrid o cerca, en los alrededores, corra hasta el Teatro Real, que aún hay entradas disponibles. No se arrepentirá. Allí hay ahora un espectáculo: la compañía estadounidense Alvin Ailey American Dance Theater, que nos entrega su alma para reparar la nuestra. Es de esas veces que lo muy bello es también lo muy bueno. Y alguien se preguntará: ¿con la que está cayendo —y está por caer—, estamos para bailes? ¡Absolutamente, sí! Sobre todo, si la danza que nos proponen es algo tan honesto, verdadero y carnalmente vibrante como la que practican los herederos vitales y estéticos de Alvin Ailey, custodios del patrimonio coreográfico de su fundador y que han sabido encontrar las mejores fórmulas para seguir adelante una vez desaparece el líder; en eso son ejemplares, como en tantas otras cosas, de lo práctico a la transmisión de esa conciencia humanista, conciliadora, reivindicativa, y siempre alentados por una poética capaz de alcanzar a todos. La alegría de vivir está en la alegría de danzar, grita el cuerpo.. Más información. Ese fenómeno casi típico estadounidense —que rápidamente se propagó en imitaciones y variantes por todo el orbe— de la compañía de autor generadora de un estilo coreográfico y una estética y coréutica distintivas y propias, encontró en Alvin Ailey un modelo primario que gestionó con éxito su implantación primero, y su supervivencia después. Otras compañías de este modelo han pasado a diferentes estadios de muerte lenta o de letargo escénico: Martha Graham, Merce Cuningham, Alwin Nikolais y Paul Taylor, zona que algunos, siendo pilares del mismo templo, han resistido poco y a duras penas. Otras han desaparecido y son memoria estilística y documental. Alvin Ailey, sin embargo, transmite hoy día su pujanza y vitalidad, y esto se verifica cuando vemos su espectáculo, que con sutil precisión y buen gusto hace convivir repertorio histórico y nueva creación. De esto ya se hablaba, en aproximación científica, en el brillante y aún hoy utilísimo árbol genealógico del ballet y la danza estadounidenses elaborado por el propio Guy Darmet en forma de gran libro-catálogo con el concurso de Michel Lecat y Antoine Livio como complemento de la Bienal de Lyon dedicada a un siglo de danza en Estados Unidos. Cuando se estudia ese árbol de 1990, resalta Ailey, se le intuye en el futuro y muy vivo.. En ese libro, la muy enterada Marcelle Michel (entonces crítico titular de Le Monde) creó un titular que no solo no ha pasado de moda, sino que seguimos usando en propiedad: “La danza americana: un estado de adolescencia permanente”. Reinvención e influyente liberación del cuerpo coreografiado se imponen como un sistema abierto del que Alvin Ailey fue abanderado, abonando un terreno y magnificando una estela ejemplar que tuvo continuidad e influencia en la danza-jazz y otras corrientes hasta llegar a las actuales y urbanas. Lo que en principio el escalpelo del cirujano (léase crítico) sitúa y separa como eclecticismo de la danza y asunción de rítmicas tangenciales, recurrencias de zona o inevitabilidad de uso con los recursos disponibles, Ailey lo transforma en poesía y en un estilo compacto, definido, casi siempre memorial y nunca jubilar, aun en la recreación o representación del dolor, la pérdida, las injusticias, el racismo, la herencia lacerante del esclavismo primero y de la segregación después. El poso de humanística no es sedentario ni está quieto en el fondo de la fórmula. Al contrario, se manifiesta en la respiración y en el exultante intento de llevarnos a la celebración de la danza como a un gran espejo festivo y elevado del que formamos parte: la vida con sus luces y sus sombras, pero, sobre todo, con un deseo de redención colectiva justificado y ansiado por necesario y esencial.. Pero de donde sale este hombre nacido en 1931 en Rogers (Texas). A los 20, una edad tardía, en California, se topa con el ballet académico y con Katherine Dunhan, inmediatamente después está el encuentro providencial con Carmen de Lavallade (mujeres pioneras del ballet negro). Según dijo él mismo una vez, de lejos, ya entonces Martha Graham le inspiraba un respeto reverencial y hasta un cierto temor. Es verdad que la Señora imponía, más allá de la túnica de Halston, el peinado falsamente atribuido a Alexandre y la peineta de Noguchi. Cuando Alvin llegó a Nueva York a principios de los cincuenta traía en el bolsillo los horarios de las clases de Graham, y allí que se fue. Parte de lo bueno de ver hoy sus coreografías realizadas evolucionando sobre sí mismo desde los años sesenta hasta su muerte en 1989, es cómo las trazas plásticas dejan ver que el texano era una esponja, receptivo y agudo selecciona qué figuras podían, empíricamente, serle útiles a su trabajo creador. Cierto trabajo dinámico de suelo, el salto expansivo, la contracción ventral, los brazos acogedores y abiertos, todo eso tiene el perfume Graham, tal como hay mucho de Horton enlazado a José Limón (la figura en Revelations de simular una mesa con una larga tela blanca viene de The Traitor de Limón, de 1954). Una prueba más del amplio juego de vasos comunicantes que informa a los estilos americanos modernos.. De cada coreografía se podía hacer un estudio diseccionado de sus elementos, y cómo están presentadas con tal solvencia, que es como si estuviéramos en un museo viviente. A eso se suman obras posteriores de otros coreógrafos que completan el fresco, sacado adelante con éxito arrollador por la plantilla. En una época, en la compañía había más negros, y casi simbólicamente, algún que otro blanco. Hoy el mundo ha cambiado y la distribución humana también. Vemos en escena algo que habría fascinado a Alvin: una tropa multirracial con asiáticos, latinos y mulatos en amplia gama. Parte de la misión de la danza está en esa universalización. El mestizaje es símil del glorioso empaste orquestal.. No debe ignorarse que Revelations tiene 65 años y Night creature 54. Ailey acertó al nombrar sucesora a Judith Jamison, celosa del legado y consciente de su misión, y que, además, amplió y estabilizó la labor docente del centro coreográfico neoyorkino desde donde irradian su preciosa labor en la didáctica y su metodología. Las clases de danza de Ailey, un amalgamado de su método con su ideario, dadas hoy por sus discípulos y seguidores, poseen la misma médula y linfa que la compañía exhibe estos días en Madrid. El cuerpo mismo como reactor del lenguaje en una indisoluble unidad gestora.. La compañía de Alvin Ayley ha venido mucho a España y ha estado en sus principales ciudades, festivales y teatros. En Madrid se recuerdan dos visitas excepcionales (a la que debemos sumar la tercera de estos días): primero fue dentro del Festival de Otoño de 1986, hace exactamente 40 años, en el Palacio de Congresos con tres programas, y la segunda ocasión, en septiembre de 2002 a este mismo Teatro Real. En la primera ocasión de 1986 debutaron el 14 de octubre ¡el mismo día que cuatro décadas después y con un programa coincidente donde ya estaban Cry, Night creature y Revelations! Eso solo tiene un nombre: poder de clásicos. Los clásicos no nos abandonan y cada cierto tiempo vuelven en nuestra búsqueda, ya sean libros, cuadros, música o danza. El Teatro Real vibró, aplaudió y coreó hasta un bis en pie pleno de humor y fantasías y bondades.. ALVIN AILEY AMERICAN DANCE THEATER. PROGRAMA A. Night creature (1974); Cry (1971); Grace (1999-2024); Revelations (1960). Coreografías de Alvin Ailey y Ronald K. Brown. Músicas de Duke Ellington, Alice Coltrane y otros. Alvin Ailey American Dance Theater. Teatro Real, Madrid. Hasta el 18 de octubre.
EL PAÍS
Si está usted en Madrid o cerca, en los alrededores, corra hasta el Teatro Real, que aún hay entradas disponibles. No se arrepentirá. Allí hay ahora un espectáculo: la compañía estadounidense Alvin Ailey American Dance Theater, que nos entrega su alma para reparar la nuestra. Es de esas veces que lo muy bello es también lo muy bueno. Y alguien se preguntará: ¿con la que está cayendo —y está por caer—, estamos para bailes? ¡Absolutamente, sí! Sobre todo, si la danza que nos proponen es algo tan honesto, verdadero y carnalmente vibrante como la que practican los herederos vitales y estéticos de Alvin Ailey, custodios del patrimonio coreográfico de su fundador y que han sabido encontrar las mejores fórmulas para seguir adelante una vez desaparece el líder; en eso son ejemplares, como en tantas otras cosas, de lo práctico a la transmisión de esa conciencia humanista, conciliadora, reivindicativa, y siempre alentados por una poética capaz de alcanzar a todos. La alegría de vivir está en la alegría de danzar, grita el cuerpo.. Seguir leyendo
